Editorial Agricola
Economía

Aceitunas negras y doce campanadas

02/10/2018

Por Jesús López Colmenarejo, director ejecutivo

Todo el mundo conoce la tradición de las “Doce uvas de Nochevieja” con las que despedimos el año en España y muchos países de Sudamérica.

Esta forma de despedir el año surgió hace más de un siglo en nuestro país, posiblemente tomada de cómo los nobles franceses y alemanes despedían el año, con uvas y champán. De ellos llegó a nuestra aristocracia, y de ahí al pueblo llano.


Parece ser que la tradición se fue extendiendo a lo largo de los años por la geografía peninsular, y en 1909 tuvo su impulso definitivo reforzada por un excedente de producción de la cosecha de uva de ese año en Almería, Murcia y Alicante. En ese momento, en una novedosa acción de marketing, se generalizó esta tradición pasando a denominarse a estas uvas de Nochevieja como “Uvas de la Suerte”. ¿Quién se podría resistir a comprarlas?

Hoy, 110 años más tarde, las acciones de marketing están en el día a día de la comercialización de productos agroalimentarios, y a veces no son suficientes en sí mismas para afrontar las crisis de mercado.

Nada más cercano que el caso de la exportación de aceitunas negras de mesa españolas, a las que la Comisión de Comercio Internacional del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica ha impuesto aranceles del 34,75%  argumentando que su bajo precio de producción supone una amenaza para la industria de este sector en California.

Esta acción puede crear un peligroso precedente para todos los productos agrícolas procedentes de la UE, al poner en cuestión el modelo de ayudas de la PAC, y la UE ya está trabajando para llevar ante la Organización Mundial de Comercio el caso.

Por otra parte, como ya ocurrió con la crisis del veto ruso y los sectores del porcino y los frutales, será necesaria la búsqueda de nuevos mercados para nuestras aceitunas negras. Para ello contará con el apoyo de la Comisión Europea, que está estudiando diferentes alternativas para prestar ayuda al sector dentro de las normas de la OMC. Se espera por ejemplo que se destinen 2,5 millones de euros de los fondos del presupuesto de promoción de 2019 para ayudar al sector a diversificarse y alcanzar a otros posibles mercados internacionales.

Esto, al fin y al cabo, son acciones de marketing que podrían hacernos pensar que no hemos evolucionado gran cosa desde la gran cosecha de uvas de 1909, pero la diferencia entre ambos casos radica en otra noticia que ha surgido este mes:  el grupo agroalimentario malagueño Dcoop ha anunciado la compra del 20% de la firma estadounidense Bell-Carter, líder del mercado de aceituna de mesa en Estados Unidos. Esta operación, que ha llevado a cabo con la familia Devico como socio, supone matar varios pájaros de un tiro. Por un lado implica que la cooperativa española evitará el pago de aranceles para entrar al mercado estadounidense, por otro lado esta acción permitiría a Dcoop incrementar el porcentaje de producción de aceituna envasada desde el 50% actual hasta el 100%, y por tanto pasar a ser no sólo líder mundial en producción, sino también en comercialización de este producto.

A problemas de comercio internacionales hay que aportar soluciones de acuerdos internacionales, y para ello nuestros operadores deberán moverse a este nivel. Este es un buen ejemplo de por qué.

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