Editorial Agrícola
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Calidad del agua de riego

08/06/2022

Por Miguel Ángel Monge, ingeniero técnico agrícola

Un agua será de buena calidad para el riego agrícola cuando, cumpliendo con sus funciones básicas hacia la planta de manera que garantice un rendimiento óptimo de su desarrollo, no produzca efectos perjudiciales al suelo. Normalmente pensamos en el efecto que el agua ejerce sobre el desarrollo de las plantas, pero es tanto o más importante el efecto que el agua ejerce sobre la composición del suelo.


Los parámetros que un agua debe de reunir y los valores normales que debe de tener se obtienen de los numerosos estudios FAO sobre riego y drenaje, estudios que por otra parte están en continua revisión.

En la Tabla 1 se muestran los valores normales que debe de proporcionar un análisis de agua para poder proceder a su evaluación para su uso como agua de riego.

Vamos a comentar a continuación la tabla anterior.

SOBRE LA SALINIDAD

Las sales presentes en el agua o en el suelo reducen la disponibilidad de agua para el cultivo, provocan un estado de marchitamiento y afectan por tanto a los rendimientos.

La salinidad del agua, o la concentración de sales disueltas en el agua, se expresa en deciSiemens por metro (dS/m).

Valores de salinidad del agua de riego por encima de 0,7 dS/m representan un riesgo para las plantas más sensibles a las sales, y, cuando este valor sobrepasa 3 dS/m, el riesgo para los cultivos es elevado, con merma importante de la producción, sobre todo si son más sensibles a la presencia de sales.

Los valores de salinidad también pueden venir expresados en miligramos por litro (mg/l) cuando lo que se obtiene en el laboratorio sea el total de sólidos disueltos. En este caso, según vemos en la Tabla 1, el riesgo elevado resulta cuando TSD (total de sólidos disueltos en el agua) sea superior a 2.000 mg/l.

He de indicar, no obstante, que la concentración de sales en la mayor parte de las aguas de riego es menor de 200 mg/l, si bien en aguas subterráneas este valor puede ser más alto.

En cuanto a las aguas subterráneas conviene comentar lo siguiente:

Cuando no hay posibilidad de conseguir la suficiente agua para riego procedente de los ríos y embalses, se busca en el subsuelo mediante la ejecución de pozos y la extracción de las aguas de los acuíferos. Si la extracción supera la recarga, la profundidad a la que se encuentra el agua cada vez será mayor y esto implica, aparte de problemas medioambientales generados, una serie de graves inconvenientes para los agricultores-regantes:

  • Necesitaremos de una mayor energía para extraer el agua, debido a que la altura de bombeo aumenta. Por tanto, se incrementan los costes/año.
  • La bajada de nivel del agua en los acuíferos conlleva un proceso de salinización del agua, pues las sales disueltas lo hacen ahora en menores volúmenes de agua, lo que eleva su concentración. Esto puede ocasionar bajadas de rendimiento en los cultivos menos tolerantes al exceso de sales, como ya se ha comentado, y una mayor inversión en productos correctores.
  • En riegos por goteo se necesitará, además, de un mayor mantenimiento en las instalaciones para evitar obstrucciones en los emisores a consecuencia de las sales disueltas en el agua.
  • El contenido de partículas en suspensión del agua (limos, arcillas y arenas) también aumenta, por lo que las necesidades de filtración deben ser mayores, sobre todo cuando regamos por goteo. Asimismo, estas partículas desgastan más rápido los mecanismos de las bombas. Debido a esta circunstancia los costes de amortización de equipos se elevan y aumentan los gastos de mantenimiento.

INFILTRACIÓN

Un contenido relativamente alto de sodio o relativamente bajo de calcio en el agua o en el suelo reduce la velocidad a la cual el agua de riego se infiltra o penetra en el terreno, hasta el extremo de, en situaciones graves, no poder abastecer al cultivo de manera adecuada.

Los problemas más frecuentes relacionados con una baja infiltración suelen producirse cuando el sodio se incorpora al suelo y deteriora su estructura. Las partículas del suelo se dispersan en partículas pequeñas, muy finas, que taponan o sellan los poros y evitan que el agua pueda circular e infiltrarse con facilidad en profundidad, por lo que escurre en superficie.

El parámetro utilizado para determinar el riesgo que supone el sodio es el RAS (Relación de Adsorción de Sodio).

La combinación de la salinidad (CEa) y la alcalinidad o sodicidad (RAS) del agua de riego determina la estabilidad estructural de los suelos. Podemos ver en la tabla anterior los valores combinados de conductividad del agua con los de sodicidad para los tres estados de riesgo para los cultivos (riesgo bajo, ligero y alto).

SODIO

Muchas plantas cuentan con mecanismos que reducen la absorción del sodio; además suele acumularse en tallos, troncos y raíces, por lo que no representa un peligro para las hojas.

Los síntomas de toxicidad del sodio en las hojas son manchas oscuras de color pardo en los bordes, como puede apreciarse en la Figura 1. El riego por aspersión, evidentemente, no está indicado cuando las aguas presenten valores altos de sodio.

Figura 1. Tejido muerto en las hojas debido a un exceso de sodio.

No obstante, el efecto perjudicial del sodio sobre los cultivos es, en la mayoría de los casos, indirecto, debido a la influencia negativa que tiene sobre la estructura del suelo, como ya ha sido comentado en el apartado anterior.

CLORO

Las plantas lo requieren en pequeñas cantidades, pero cuando su concentración es muy alta, el cloruro puede convertirse en un elemento tóxico. Es un elemento que se concentra en las hojas.

Los síntomas de toxicidad son tejido muerto en las puntas de las hojas -generalmente las más viejas-, que avanza con la acumulación de cloruros. En casos graves puede aparecer también necrosis en las ramas.

Figura 2. Hoja de maíz afectada por exceso de cloro.

BORO

El boro es un elemento esencial para el desarrollo de las plantas.

La diferencia entre la concentración requerida por la planta y la toxicidad es muy pequeña, por lo que se debe tener especial cuidado con este elemento.

Los síntomas de toxicidad se presentan generalmente como zonas amarillentas en las hojas, parecidas a quemaduras, partiendo de las puntas y difundiéndose hacia la base.

Figura 3. Bordes de hojas amarillentos a consecuencia de la toxicidad al boro.

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