Editorial Agricola
Innovación

Los socios de Anove hacen hincapié en la necesidad de comunicar el valor de la innovación

18/03/2019

La Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (Anove) celebró el pasado 14 de marzo su asamblea general, a la que no faltaron las 56 empresas y centros de investigación que forman parte de la entidad.


Durante la jornada, se hizo especial hincapié en la necesidad de comunicar a la sociedad el valor del conocimiento y la innovación varietal, dando a conocer las aportaciones de la obtención y el esfuerzo que las empresas obtentoras están realizando en I+D.

Las empresas asociadas de Anove invirtieron el pasado ejercicio en I+D+i entre el 20% y el 30% de su facturación. Además, ellas trabajan actualmente 2.500 personas, la mayoría altamente cualificadas, según las cifras proporcionadas en la asamblea. Con un total de 52 centros de I+D repartidos por España, el 81% de los socios de Anove disponen de departamento propio de I+D, en los que se ocupa el 38% de la plantilla. Debido a la alta cualificación tecnológica de los empleados, el ratio de producción alcanza la cifra de 230.000 euros al año por trabajador.

De nuevo, las entidades adheridas a la asociación han facturado más de 1.000 millones de euros al año, de los que casi el 58% corresponden específicamente a comercialización de semillas.

El secretario general de Anove, Antonio Villarroel, subrayó durante su intervención en la asamblea que la obtención vegetal es una actividad “imprescindible” que consigue mejorar las actuales variedades vegetales y desarrollar otras nuevas por medio de “una apuesta decidida por el conocimiento y una constante inversión en investigación”. “Todo ello solo es posible gracias a la investigación genética que llevan a cabo los obtentores vegetales”, añadió.

Los socios de Anove reiteraron, durante la reunión anual, su compromiso con la agricultura española a través de la investigación a través de cinco líneas de acción prioritarias para los obtentores vegetales: la mejora de la oferta que se pone al alcance de los consumidores finales; el cuidado y la protección del entorno medioambiental; el incremento de la productividad;, la reducción de los costes productivos de los agricultores; y la cooperación para resolver problemas como enfermedades, plagas, escasez de agua u otras limitaciones del entorno.

Más atención para evitar bulos

El bioquímico y divulgador José Miguel Mulet fue uno de los protagonistas de la asamblea general de Anove, gracias a su aplaudida intervención durante la mesa redonda con la que concluyó la jornada. Mulet mostró cómo a lo largo del tiempo la investigación ha ido mejorando las propiedades de los alimentos haciendo posible, además, que aumente la productividad y se mejore la seguridad alimentaria.

Sus compañeros de la mesa Juan Ignacio Senovilla (Alianza para la Agricultura Sostenible), Eduard Fitó (presidente de la Internacional Seed Federation) y Julián Tío (Confederación de Consumidores y Usuarios) coincidieron también en subrayar la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en proporcionar a los ciudadanos divulgación científica rigurosa evitando la difusión de bulos y tópicos acerca de la alimentación.

Como ejemplo de desconocimiento común se insistió en los transgénicos, “de los cuales la ciencia no tiene la menor evidencia científica de que sean perjudiciales; sin embargo, sin el menor rigor científico, algunos asustan a la población esparciendo temores infundados”. Se da la paradoja de que en Europa pueden usarse medicamentos transgénicos y, sin embargo, está prohibido producir alimentos por medio de esta técnica. De hecho, 3 millones de españoles con diabetes “se inyectan cada día insulina, producida con una levadura transgénica y gracias a eso pueden vivir; pero no pueden comer alimentos transgénicos producidos en Europa, lo que es una contradicción y un sinsentido”. Mulet puso de manifiesto, además, que los agricultores europeos están en situación de desigualdad “porque políticos y legisladores prefieren están más pendientes del rendimiento electoral que de conocer la verdad científica”. Se produce así “la paradoja de que Europa importa 91 variedades transgénicas y, sin embargo, a sus agricultores solo se les permite cultivar 1, con lo que compiten en inferioridad de condiciones con respecto a los de otras áreas del mundo”.

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