Editorial Agrícola
Economía

El impuesto al azúcar y los accidentes de tráfico

10/11/2020

Por Jesús López Colmenarejo, director ejecutivo

El pasado 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, el Gobierno avanzó algo que ya estaba hacía tiempo sobre la mesa: en 2021 el IVA de las bebidas azucaradas
subirá del 10% al 21%.


Empresas fabricantes, productores de remolacha y hostelería, los sectores que se verán más afectados, ya se han manifestado en contra de la aplicación de esta medida, que llega en un momento complejo para ellos en plena crisis por la COVID-19. Además, se espera que esta subida de impuestos perjudique más a las clases más bajas, en gran medida consumidoras de “alimentos menos sanos”, lo que tampoco suena muy bien socialmente.

Pero no ha sido sólo la medida lo que más ha irritado a estos sectores, sino también las formas del Ministerio de Consumo, que lanzó una imagen de publicidad en la que se “tabaquizaba” el azúcar con el texto #elazúcarmata.

¿Debe hacer un ministerio del Gobierno de España una publicidad como esta, alarmista y sin la adecuada base científica, comparando tabaco y azúcar? Posiblemente no.

Si nos centramos en lo económico, desde el Ejecutivo se asegura que esta medida no tiene afán recaudatorio, sino que busca combatir el sobrepeso y la obesidad infantil. Eso sí, dada la coyuntura de crisis actual son muchos los que se cuestionan cuál es la finalidad real de esta subida de impuestos, ya que si se penalizan los alimentos poco saludables ¿por qué no se bonifican los saludables? ¿podrían tener frutas y verduras, por ejemplo, un IVA del 0%? Sería lo deseable si la medida fuera coherente.

Según los especialistas, la clave para luchar contra el sobrepeso está en adoptar un estilo de vida adecuado, algo que implica muchos factores, entre los que está la alimentación de forma destacada.
Y dentro de la alimentación el consumo de azúcares, por supuesto.

Aunque la analogía no sea perfecta, las consecuencias de una vida poco saludable me recuerdan a los accidentes de tráfico.

Se estima que algo más del 25% de los accidentes de tráfico de la UE son causa directa del exceso de velocidad y no suele haber discusión en que la velocidad agrava las consecuencias de un siniestro en el que no sea su causa principal.

Si esto es así, ¿por qué no se limita de fábrica la velocidad de los coches a menos de 140 km/h? Si ninguna vía permite velocidades más altas sería justificable. Los técnicos del motor argumentan que no tendría sentido porque hay muchos otros factores que son causa de accidentes de tráfico: la mayor parte de los accidentes se producen en vías secundarias donde la velocidad teórica debería ser mucho menor de esos 140km/h, el mantenimiento de esas carreteras secundarias es escaso, se necesita más y mejor educación vial... pero nada parece tan “objetivo” como la velocidad máxima de los coches y, aún así, no se restringe.

Por otra parte, ¿se imagina alguien que hubiera un impuesto “a la velocidad de los coches” por ser potencial causa de accidentes de tráfico en lugar de las multas a aquellos que infrinjan las normas? Pues algo similar ocurre con el azúcar, este nuevo impuesto que llegará en 2021 va a multar a “tener azúcar - tener coche” y no a la acción de ir demasiado rápido. Las medidas sencillas no siempre son las más justas.

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