Editorial Agrícola
Economía

El acuerdo del post-Brexit

07/01/2021

Por Esther Herranz, ex diputada del Parlamento Europeo (2002-2019) y antigua ponente de la reforma de la PAC

Este infausto 2020 nos ha dejado como regalo de despedida el acuerdo post-Brexit. Vaya por delante que un divorcio con acuerdo siempre es mejor que un divorcio por las bravas, y eso hay que agradecérselo, y mucho, al talante y la capacidad negociadora de Michel Barnier, un excelente representante de la UE en un asunto tan espinoso como éste.


A España este acuerdo le afecta mucho, muchísimo. Y es que recibimos turistas británicos en cantidad, mandamos a muchos estudiantes de Erasmus a universidades británicas, exportamos al Reino Unido (RU) muchos productos hortofrutícolas además de automóviles, pescamos en caladeros británicos capturas importantes, y tenemos a Iberia dentro de IAG, empresa de capital británico y español. Conque hay que leer con mucho detenimiento para saber lo que nos aguarda el porvenir con el antiguo hermano que pasará a ser ahora pariente, esperemos que próximo y no muy lejano; o sea, que garantice la competencia leal entre las partes.

A ello le sumaremos Gibraltar, constante herida sangrante para nuestro territorio y nuestras aguas jurisdiccionales, donde se votó mayoritariamente a favor de seguir en la Unión Europea y que espera un acuerdo posterior que se negocia paralelamente. El acuerdo ya cerrado evita que Irlanda del Norte se convierta en un coladero para bienes de países terceros dentro de la UE, pero salvaguarda la circulación con Irlanda. Yo espero que el acuerdo con Gibraltar evite esos mismos riesgos que, hasta ahora, nos han dado quebraderos de cabeza en el intercambio de servicios y que podrían extenderse al intercambio de bienes, lo cual es preocupante para el sector agroalimentario, de eso no hay duda. Sobre todo si pensamos en las intenciones expansivas de Gibraltar en su puerto, después de haber conseguido hace unos años ampliar su aeropuerto en terrenos de soberanía española y cedidos por razones humanitarias.

De mandar estudiantes al RU ya nos podemos despedir porque el pariente se antoja lejano en el asunto y abandona el Programa Erasmus. Torpe decisión que les aislará más y perderán mucha capacidad de influencia intelectual y de relaciones para el futuro. El RU acaba de parafrasear a Unamuno con aquel “que inventen ellos” de El pórtico del templo, y eso no fue bueno para España y no lo será para el Reino Unido.

La situación para el sector agroalimentario, excluida la pesca, queda como un pariente cercano, con el que te reúnes en Navidad y te llamas para felicitar los cumpleaños, pero no irías con él a disfrutar una función de ópera o teatro y mucho menos a tomar unas copas.

Me explico: la circulación de bienes y el respeto a la propiedad intelectual, agrarios incluidos, siguen garantizadas, aunque con matices. Porque hay varios puntos que vuelven a separar al pariente de nuestras vidas.

Así, las marcas de empresa, las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas que durante 5 años no hayan conseguido relevancia perderán sus derechos de cara al Reino Unido. Por lo tanto las empresas, autoridades regulatorias y administraciones públicas han de revisar la evolución de sus marcas de calidad y dar impulso a todas aquellas que se encuentren en situación de espera, o de inactividad, para evitar usurpaciones que, de no hacerlo, serían legales.

Por lo que respecta a los productos ecológicos, en los que España es el claro líder europeo, se respetará la legislación actual, o sea, la de la UE, pero se anuncia la creación de un grupo de trabajo en el tema, con unas competencias muy amplias y que podría darnos algún disgusto si se presiona en temas como el de las granjas mixtas, que ya ha sido objeto de estudio y cambio reciente en la UE pero que podría ponerse mucho más cuesta arriba si ese grupo de trabajo lo decidiese. ¿Qué ocurriría si, por ejemplo, el RU firmase un acuerdo comercial con Mercosur? No les indico lo que se me ocurre porque no quiero dar ideas.

Otra cosa que puede alejarnos del pariente británico es la burocracia, debemos confiar en que las administraciones europeas y las británicas sean ágiles con los trámites y documentación ahora requeridos y que deben acompañar a nuestras remesas. Productos como el vino, hortalizas frescas o aceite precisan de esa agilidad por sus frecuencias de envío o por las características perecederas de su naturaleza.

Queda por saber cómo quedan las cuotas de cárnicos de acuerdos firmados por la UE, con el RU como miembro. ¿Se repartirán, por ejemplo, las cuotas de ovino equitativamente entre la UE y el RU procedentes de Nueva Zelanda o quedarán íntegramente para la UE? El asunto no es una tontería sin importancia, veremos a ver qué pasa.

Dicho todo esto, celebro que tengamos un acuerdo y espero que el RU sea lo más parecido a un pariente cercano con el que nos apetezca tomar un vino de vez en cuando, esperando que dentro de pocos años vuelva a pedirnos volver a casa, donde siempre tendrán quienes le recibamos con afecto. ¡Ojalá nunca se hubiera llegado a esto!

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