Editorial Agricola
Economía

Agricultura de precisión sí, pero antes cobertura móvil en toda España

05/12/2019

Por Jesús López Colmenarejo, director ejecutivo

Ya son unas cuantas las empresas de medios de producción (maquinaria, sanidad vegetal, fertilización, etc.) que ofrecen a sus clientes “premium” desarrollos tecnológicos con base digital como un valor añadido a aplicar en sus explotaciones. Son la base de la denominada generalmente agricultura de precisión, que se caracteriza por la utilización de maquinaria de última generación (4.0 en argot tecnológico) en el desarrollo de sus labores.


Esta nueva agricultura tiene en el ahorro de costes una de sus principales bazas, ya que sus labores se basan en el conocimiento directo y exhaustivo de las características de cada finca y los cultivos que se desarrollan en ella. De esta forma, por ejemplo, los fertilizantes o fitosanitarios se aplican con precisión extrema desde el momento en el que se conocen, gracias a multitud de sensores, las necesidades agronómicas de cada palmo del terreno. La repercusión de estas tecnologías no es únicamente importante en los costes de la explotación (a mayor precisión, menos derroche de insumos, a grandes rasgos), sino que también lo es sobre el cuidado del medio ambiente. Los derroteros que establece el marco regulatorio cada vez más estricto en el que se mueve nuestra agricultura hacen que el cuidado del medio ambiente sea una variable cada vez más decisiva.

Parece evidente que la digitalización del campo no tiene marcha atrás, ya que es, ni más ni menos, un reflejo de lo que ha ocurrido en nuestras vidas. Nuestros coches o nuestros teléfonos no tienen mucho que ver con lo que eran, pero es que también son cada vez más las casas con sensores inteligentes que mantienen la temperatura ambiente o en las que hay asistentes personales como Siri o Alexa. Las máquinas siempre han sido los "pinches" perfectos en la cocina de nuestras vidas, pero ¿y si en un futuro pasaran ellas a ser las cocineras?

Han pasado 22 años desde mayo de 1997, momento en el que el "superordenador" de IBM Deep Blue se impuso a todo un campeón del mundo de ajedrez como Garry Kaspárov. Este hecho puso en entredicho un dato incontestable hasta la fecha: la supremacía intelectual del ser humano.

La inteligencia artificial, esa rama de la ciencia en la que se pueden imitar las capacidades mentales de un ser vivo mediante el uso de ordenadores sigue evolucionando vertiginosamente, y permite que cada vez sea más real un futuro en el que las máquinas de nuestro entorno resuelvan problemas reales y aprendan de sus experiencias anteriores, sin intervención directa del ser humano.

¿Sería esto positivo para nuestro sector agrario? En el día a día nos encontramos con las dificultades de muchas explotaciones para encontrar mano de obra para las campañas de cosecha o si se encuentran trabajadores muchas veces su cualificación o disposición no son las adecuadas para un sector como el nuestro, con condiciones de trabajo duras y sueldos relativamente bajos.

Hoy en día son cada vez más los cultivos con elevadas cotas de mecanización (olivares en seto, horticultura robotizada, etc.) que eran impensables solo hace unas décadas... ¿Habrá robots que trabajen de forma totalmente autónoma nuestros campos en un futuro cercano? Si llegara ese momento todas las percepciones que tenemos sobre el medio rural cambiarían, es cierto, pero aún queda un largo recorrido.

Y el primer paso es algo tan simple como que haya cobertura móvil en el 100% del territorio español, una demanda que cada vez suena más prehistórica pero no por ello deja de ser muy real...

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