Editorial Agricola
Cultivos

Los obstáculos para exportar a terceros países del sector citrícola europeo

29/07/2019

El representante de Anecoop y miembro de Cooperativas Agro-alimentarias de España, Paco Borrás, presentó, el pasado 25 de julio en la reunión del grupo de trabajo sobre medidas sanitarias y fitosanitarias de la Comisión Europea, los problemas que dificultan la exportación de cítricos de la Unión Europea y limitan drásticamente la diversificación de los mercados.


Este grupo de trabajo, formado por representantes de las Direcciones Generales de  Agricultura y Desarrollo Rural, Comercio y Salud y Seguridad Alimentaria, además de Estados miembros, diversas organizaciones europeas de agricultores, cooperativas, comercio e industria, sirve para analizar la situación de la exportación de los diferentes sectores agrarios hacia países terceros, con el objetivo de ayudar a la diversificación de los mercados.  

La sesión del pasado día 25 se dedicó a profundizar, a petición de Cooperativas Agro-alimentarias de España, en la situación del sector de los cítricos, afectado por una grave crisis que soportan sus operadores como consecuencia de la saturación del mercado comunitario. Se trata de un sector con carácter estratégico en términos de crecimiento, empleo y desarrollo rural para España.

Borrás destacó que, mientras la UE importa de terceros países 2,6 millones de toneladas de cítricos, solo exporta poco más de 600.000 toneladas. A lo largo de su exposición, se demostró que este balance tan negativo se debe, fundamentalmente, a la falta de reciprocidad en las condiciones de entrada y salida que estos productos tienen en el comercio con terceros países.

En particular, Borrás destacó que, para entrar en la UE, los países terceros encuentran de golpe las puertas abiertas de todo el territorio comunitario y acceden a él en superioridad de condiciones, ya que no han sido sometidos a unas condiciones de producción (medioambientales, laborales, etc.) tan exigentes como las que deben satisfacer los productores europeos. Por el contrario, los productores y exportadores comunitarios (además de partir de una situación de desventaja competitiva por esos estándares de calidad y los costes asociados) deben hacer frente, por añadidura, a unas condiciones de entrada en los mercados de terceros países muy particulares y costosas, que se establecen mediante ‘protocolos fitosanitarios’.

A lo largo de su exposición, Borrás enumeró varios ejemplos de estas exigencias, desde la obligación de registrar las explotaciones meses antes de exportar a estos países, pasando por la exigencia de financiar la visita de inspectores de terceros países que llegan para controlar los huertos y los contenedores en el país de origen, hasta llegar a imponer la obligación de determinadas condiciones técnicamente complicadas al transporte de la mercancía. Todas estas prácticas contrastan con la flexibilidad que ofrece la UE a la importación de estos mismos productos desde los mismos países: se deja la opción de “tratamiento en frío” a decisión del país importador; se ofrecen canales diferentes para la fruta en función de su destino (fresco/transformado…), se permite que los controles en origen los haga la administración del país exportador… Así se explica que grandes países productores en plena expansión -Sudáfrica y Egipto- puedan exportar sin problemas a la UE y mantienen y consolidan así su posición como primer y segundo proveedor extracomunitario de cítricos a la UE y, al mismo tiempo, impiden la llegada de producto comunitario a su territorio.

Además de las barreras fitosanitarias, desde el sector se han denunciado también las barreras arancelarias. A modo de ejemplo, Borrás recordó que para exportar cítricos a Turquía y Egipto se debe satisfacer un arancel del 54% y 30% respectivamente, mientras que la UE tiene 0% de aranceles a los cítricos importados de estos países.

Para revertir esta situación de falta de reciprocidad y desequilibrio, y favorecer la exportación, según el representante de Cooperativas Agro-alimentarias de España haría falta, en primer lugar, que se tome conciencia de la problemática en todo su calado y al más alto nivel político, tanto en el marco de la negociación de los acuerdos comerciales de la UE como en los foros internacionales y en la OMC.

Además, que los países terceros cumplan las normas internacionales sanitarias y fitosanitarias y se impida la imposición de medidas unilaterales arbitrarias que provocan una situación desleal con respecto a nuestras exportaciones.

Finalmente, añadió que sería recomendable que los Estados miembros transfirieran a la UE la competencia en materia de definición de condiciones de exportación de productos agroalimentarios, para que sea la Comisión Europea (y no individualmente cada Estado) quien dirima -con mucho más peso negociador- las condiciones de exportación, como se hace ya para definir las condiciones de importación a la UE y para la apertura de sus fronteras.

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