Editorial Agrícola
Innovación

Sucursales bancarias y digitalización del campo

04/12/2020

Por Jesús López Colmenarejo, director ejecutivo

Las diversas crisis que han golpeado al sector bancario en los últimos años han promovido una serie de cambios importantes en estas empresas. La cascada de fusiones o el baile de siglas han sido la parte más visible de este proceso para el gran público, pero el objetivo final de las entidades era obtener un adelgazamiento de su estructura de costes a través de la reducción de personal de las sucursales.


El histórico trato personalizado en oficina se ha dirigido poco a poco hacia servicios digitales, una forma de desarrollar un modelo de negocio “Hazlo tú mismo” que ya usaron previamente para reducir costes laborales por ejemplo un conocido fabricante de muebles o las gasolineras, consiguiendo que los clientes hagamos parte del trabajo y estemos conformes por ello.

De esta forma, el número de oficinas bancarias en España se reduce más cada día. La tendencia es clara, ya que a finales de 2021 quedarían unas 19.900, menos de la mitad
de las 45.662 oficinas que había a finales de 2008, la cifra más baja de sucursales en España desde 1977.

Como aquí estamos para hablar del sector agrario, la analogía es evidente: menos trabajadores “a pie de campo” y la necesidad de los que los que permanecen sean más eficientes.

¿Más temas en común? Pues que los casos más críticos se producen en el medio rural, donde más de 4.000 pequeños municipios han perdido la única oficina bancaria que tenían. Y dentro de los afectados, el colectivo más vulnerable son las personas mayores, muchas de las cuales no tienen acceso a internet o no tienen conocimiento mínimo para operar on line y acceder a determinados servicios bancarios.

Visto desde esta óptica, podría parecer que avanzar en la digitalización de servicios no es una estrategia muy halagüeña para nuestro sector agrario. Podríamos pensar que implicaría una reducción de puestos de trabajo aún mayor si cabe y una complejidad añadida a un titular de explotación cuya edad media supera los 60 años.

Pero la digitalización en el campo tiene implicaciones muy distintas. No se va a perder masa laboral, porque ya hemos perdido toda la que podíamos perder tras décadas de éxodo de jóvenes del medio rural hacia las ciudades. Es más, en el sector agrario la digitalización no significa pérdida de empleos o dificultad de acceso a servicios, todo lo contrario, la digitalización es sinónimo de incremento de competitividad y de futuro.

Hoy en día, los agricultores que toman el relevo la tienen como aliada de presente y futuro en su día a día, recurren a satélites, internet de las cosas o al análisis de datos para aplicarla a drones, robots o maquinaria que han usado siempre pero “actualizada” con funcionalidades nuevas. El presente y el futuro del campo sólo pueden ser digitales, y estas tecnologías serán las que permitan generar en nuestras explotaciones condiciones de vida que atraigan y mantengan en el medio rural a
mujeres y jóvenes.

Ejemplos claros de cómo la digitalización es una herramienta necesaria y positiva para el sector los hemos podido encontrar en el foro virtual Datagri2020, en el que hemos participado activamente desarrollando la parte tecnológica como Grupo Editorial Agrícola.

En él hemos comprobado que mejorar las explotaciones agrarias españolas en materias como comercialización, trazabilidad o gestión hoy pasa por la digitalización...y está más cerca de lo que pensamos.

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