Editorial Agricola
Economía

A este paso... ¿Qué podremos comer?

14/05/2018

Por Jesús López Colmejarejo, director ejecutivo

Muchas veces me planteo que si tuviera que buscar una película que representara la situación de la comunicación y sector agroalimentario en los medios generalistas, la solución sería “Atrapado en el tiempo” o “El dia de la marmota”, una comedia de 1993 protagonizada por Bill Murray. En ella, el personaje se despierta una y otra vez en un día que se repite indefinidamente, aunque en nuestro caso sea ligeramente distinto, ya que “cada día” aparece una crisis de imagen en un sector diferente.

La lista de casos es amplia. Una conocida marca de cerveza acaba de lanzar un anuncio en el que publicita explícitamente “sin transgénicos”, el consumo de carne se pone en entredicho con una frecuencia cada vez mayor en diferentes cabeceras de periódicos …y hace unos días apareció en el principal diario nacional un artículo titulado “Renuncia a comer tomates en invierno y salva el planeta”. Según este artículo nuestro afán por consumir tomates todo el año, y no sólo de junio a octubre, está haciendo insostenible su cultivo. El artículo se explaya con la crítica a la principal materia de los invernaderos, el plástico que protege los cultivos, diciendo literalmente que “La mayor parte del plástico se quema y el resto puede acabar entre la arena de la playa vecina, o bien directamente en el mar o en el espacio ¿protegido? del Parque Natural de Cabo de Gata”.

Cuando esa información llega al consumidor, que vive ajeno a cómo se producen los tomates, lo normal es que se la crea, pero la realidad no siempre es tal y como se pinta. Los datos son tozudos, ya que el año pasado se recuperaron 39 000 t de plásticos agrícolas (más del 80% de indice de recogida y reciclado de los residuos plásticos generados en actividades agrícolas) gracias al compromiso de agricultores, cooperativas y administraciones locales. Casualidades de la vida, este mes tuvimos la oportunidad de visitar Clisol en Almería, los invernaderos (o “casas de plantas” como le gusta denominarlos a su propietaria Lola Gómez Ferrón) y me quedé con una frase suya que da para pensar: “ Los invernaderos son la única industria que cuando abre sus chimeneas sale oxígeno”.

Es cierto que consumir productos de temporada o proximidad es una alternativa medioambientalmente correcta, pero surgen muchas preguntas con difícil respuesta ¿por qué es necesario enfrentar estos productos al resto?, ¿qué intereses hay detrás?, ¿quién decide a lo que debemos renunciar en aras de un respeto al medio ambiente?. Y luego están las contrapartidas…tener verduras frescas durante todo el año es una de las circunstancias que nos ha llevado a ser el segundo país del mundo con mayor esperanza de vida ¿alguien pone este dato en valor?. Si esas verduras se traen de otro continente donde estén en temporada, la huella de carbono y los costes se disparan, además de poner en riesgo una industria líder española como es la hortícola.

Sale muy barato sembrar la duda en un público, en un consumidor, que por otro lado como ya hemos comentado más veces en esta página, ni está ni se le espera en el conocimiento de la realidad de sus alimentos, pero es mucho más fácil hacerlo con el estómago lleno, por supuesto.

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