Editorial Agrícola
Economía

'La clave del éxito es reforzar las estructuras comerciales'

04/12/2020

Entrevista a Francisco Martínez Arroyo, consejero de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha

Vino y aceite son sectores esenciales para el crecimiento económico y social de Castilla-La Mancha. Integrados por más de 85.000 empresarios viticultores y 83.000 olivicultores, tienen como retos más inmediatos la apuesta por la calidad y la profesionalización de sus estructuras comerciales, con permiso de la COVID-19. Para conseguirlo cuentan con el apoyo de la Consejería de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural, liderada por Francisco Martínez Arroyo.

Por Marta Fernández, periodista agroalimentaria


AGRICULTURA. En términos económicos, la representatividad del sector agroalimentario de Castilla-La Mancha es de cerca del 16% de su PIB y de un tercio de sus exportaciones. ¿Qué lugar ocupan aquí los sectores vitivinícola y oleícola y qué significado tienen para su ecosistema social?
FRANCISCO MARTÍNEZ ARROYO. En Castilla-La Mancha, el sector agroalimentario ocupa la primera posición desde el punto de vista económico. Esto significa que los agricultores, los ganaderos, las cooperativas y las industrias agroalimentarias tienen una alta relevancia desde el punto de vista económico, pero también desde el social, el territorial y el ambiental. Y dentro del sector agroalimentario en su conjunto, el vino y el aceite son productos estrella.

Para situarnos, en cinco años la representatividad económica del sector ha pasado de suponer un 12% del PIB, a aproximadamente el 16% actual. Es un incremento espectacular que no solo se debe a los meses de dificultad que estamos viviendo, en los cuáles la aportación del sector agroalimentario al PIB ha crecido exponencialmente, sino que se debe al trabajo que ha hecho el sector a lo largo de estos últimos años y a la importancia que se le da desde el Gobierno regional.

Económicamente, el vino es importante, y de hecho tenemos como objetivo alcanzar una facturación de 2.500 millones de euros en 2025. Es cierto que en los últimos meses nos hemos resentido, porque es un año complicado y el mercado de la exportación se ha parado, lo que ha hecho que la facturación del conjunto del sector disminuya con respecto a lo que teníamos en años precedentes. Somos conscientes de que el objetivo de 2.500 millones de euros es ambicioso, pero pretendemos conseguirlo con todos los productos del sector, incluidos los subproductos de la vinificación.

Tenemos alrededor de medio millón de hectáreas y unos 85.000 viticultores. El objetivo es mantener ese número de empresarios vitivinícolas, pero ganar fuerza en la distribución a través de la creación de grupos más grandes para de esta manera aumentar la contribución de nuestro sector al PIB.

En cuanto al olivar, es un sector eminentemente social; la mayor parte de nuestro cultivo es olivar de bajo rendimiento, que es un complemento de renta para cerca de 83.000 castellanomanchegos. Aquí, nuestro propósito es reforzar el compromiso con el sector en la futura PAC, de manera que sea rentable mantener esas explotaciones. Para hacernos una idea de su dimensión, somos la segunda región productora del mundo por detrás de Andalucía. Nuestra producción se sitúa en torno a unas 120.000 toneladas de aceite en un año normal, y hemos llegado a alcanzar picos de hasta 180.000 toneladas. También aquí tenemos que reforzar nuestras estructuras de comercialización. Esa es la clave del éxito.

AGR. En la actual coyuntura, la respuesta del sector está siendo encomiable. Pero evidentemente, sectores como el del vino están sufriendo en primera persona las consecuencias derivadas del cierre de la hostelería. ¿Han cuantificado ya este impacto? ¿Qué medidas han implementado y cuáles prevén implementar para mitigar este efecto?
F. M. A. Es difícil cuantificar el impacto del virus en el sector del vino. En los meses más duros de la cuarentena, en nuestro país creció mucho el mercado de la distribución, y dentro de la distribución alimentaria, particularmente el vino, y nuestro vino es un producto muy orientado a ese mercado, lo que ha favorecido que haya habido incrementos de venta muy importantes, sobre todo en la D.O. Valdepeñas y La Mancha. Incrementos que podemos cuantificar en torno a un 20-25% en el conjunto de la distribución alimentaria.

Pero nuestro problema ha sido la exportación, sobre todo el granel, que es el que está destinado al embotellado en el país en destino. Y esos países en destino han tenido cerrada la restauración. Seguimos viendo dificultades en los próximos meses. Hemos trabajado con el Ministerio de Agricultura para que se redujesen las existencias; hemos iniciado la campaña con dos millones de hectólitros menos en existencias que el año anterior, y hemos puesto en marcha medidas de mercado específicas, como por ejemplo el almacenamiento privado y la destilación de crisis. Son medidas muy importantes que han tenido una gran incidencia en volumen y que han permitido, en la práctica, retirar del mercado alrededor de cuatro millones de hectólitros. Hemos hecho un esfuerzo para adaptarnos a las circunstancias del momento, pero es cierto que el sector del vino debe pensar en otras alternativas. Es necesario seguir trabajando en consolidar mercados exteriores y en apostar por el embotellado y las figuras de calidad. En este momento tenemos un diferencial de 5,3 veces el valor del producto embotellado con D.O. respecto al producto sin embotellar y sin figura de calidad. Esto significa que ese es el camino, en ello estamos trabajando desde hace tiempo y a eso nos vamos a dedicar en los próximos años.

AGR. ¿Cuál es el balance de la última campaña de vendimia y cuáles son los aspectos más reseñables?
F. M. A. Dentro de la dificultad de la excepcionalidad, ha sido una vendimia muy buena, se ha desarrollado con cierta normalidad y se han cumplido las normas sanitarias que se pusieron en vigor, posibilitando que la vendimia haya finalizado sin ningún brote de coronavirus procedente de ella.

La calidad del fruto ha sido excepcional y normal en cantidad, que calculamos, a falta de las cifras definitivas, en torno a unos 24 millones de hectólitros. Esperemos que pueda ponerse en el mercado a buen precio, de forma que sea rentable para todos los eslabones de la cadena vitivinícola.

En materia de calidad quiero destacar dos importantes novedades que hemos implementado este año y cuyo propósito es incidir directamente en la disminución del volumen producido e incrementar la calidad del producto, porque este es uno de los objetivos del gobierno regional en estos momentos y en él vamos a seguir trabajando en los próximos años. Como consecuencia, de un lado hemos limitado el rendimiento productivo por hectárea y, de otro, hemos limitado el grado mínimo de la uva a la entrada en bodega, que hemos fijado en nueve grados.

AGR. Y para la de aceituna, ¿cuáles son las previsiones?
F. M. A. Las previsiones para la campaña de aceituna son buenas. Esperamos una campaña normal, en torno a las 120.000 toneladas, que es nuestra media, como mencionaba anteriormente. Prevemos también una cosecha de calidad, lo que ocurre es que aún es pronto para predecirlo y dependerá mucho de la climatología. En todo caso, estamos ante un sector que ha batido récords de venta de producto durante esta campaña que finaliza, que ha exportado más que nunca, que está en cifras inimaginables hace décadas y que ha conseguido salvar las enormes dificultades de precios bajos que hemos tenido las dos últimas campañas. Creo que se avecinan tiempos mejores, porque el aceite de oliva es un producto de consumo diario en nuestro país. Y tenemos que seguir haciendo que, además de ser un producto de excelencia, sea un producto de acceso fácil para todos los consumidores.

No hay que olvidar el mercado interior, en el que debemos seguir promocionando nuestro AOVE, y seguir orientando también una parte importante de nuestros esfuerzos a los mercados en crecimiento, que son los que están comenzando a conocer un producto tan importante, que es, además, la base de la dieta mediterránea, y que nos permite exportar no solo el aceite, sino otros productos que entran en sus mercados de la mano del AOVE.

AGR. Profesionalización y calidad son conceptos clave para el desarrollo y la valorización de los sectores del vino y del aceite de Castilla-La Mancha. ¿Qué herramientas pone el ejecutivo regional a disposición de agricultores, empresas y cooperativas para alcanzar esta meta?
F. M. A. En lo que tiene que ver con el cultivo, queremos aumentar la profesionalización del sector. Para conseguirlo, dedicamos una parte muy importante de nuestros recursos públicos a la incorporación de jóvenes al sector agrario y a la mejora de las explotaciones de los agricultores y ganaderos profesionales. También en el olivar y en el viñedo, por supuesto. El objetivo es tener muchos jóvenes incorporados que apuesten por la innovación tecnológica y desde luego muchos profesionales que realmente lo sean. Pero, además, el reto está también en profesionalizar las estructuras comerciales, y es ahí donde más hay que invertir.

Nosotros apostamos por las figuras de calidad ayudando a la promoción, y apostamos por la promoción del vino en terceros países financiando proyectos de nuestras empresas. Pero es necesario incentivar más la rentabilidad de las empresas a través de la comercialización, porque hacemos todo muy bien, el proceso productivo es de excelencia, pero nos sigue faltando impulsar más la comercialización. Por eso, en el próximo PDR vamos a poner en marcha medidas específicas para apostar por la profesionalización de las estructuras comerciales, de las que depende, insisto, la rentabilidad de las explotaciones de nuestros olivicultores y viticultores.

AGR. Para concluir, ¿qué futuro augura para el sector agroalimentario de Castilla-La Mancha, y en concreto a los del vino y el aceite, en base a el reciente acuerdo de la PAC?
F. M. A. El futuro, independientemente de la PAC o de la situación coyuntural que estamos viviendo, es muy ilusionante. Creo que nuestro sector agroalimentario va a seguir creciendo y vamos a seguir trabajando como lo hacemos siempre, con mucha dedicación, con mucho esfuerzo por parte de aquellos que están en el campo, esos 160.000 socios de cooperativas por ejemplo que tenemos en Castilla-La Mancha, o esas empresas agroalimentarias que son la base de la economía de nuestros pueblos. Esto va a suceder, insisto, independientemente de si hay acuerdo sobre la PAC o si la situación es difícil. Es verdad que todo influye. La PAC es muy importante, porque representa alrededor del 35% de la renta de nuestros agricultores y ganaderos y es necesario tener una PAC fuerte.

Creo que el acuerdo alcanzado por los ministros de agricultura en Bruselas es un buen acuerdo. Es necesario cerrarlo con el Parlamento Europeo, como se está haciendo, y después tenemos que dedicaros a que en España se aplique muy bien. Y eso exige un acuerdo de verdad entre el Ministerio y las comunidades autónomas que apueste por la profesionalización del sector, que trate por igual a los agricultores y ganaderos de nuestro país independientemente de donde tengan sus explotaciones, y que incentive el modelo de explotaciones familiares, medianas y pequeñas, que es la base de la economía de nuestro medio rural.

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