Editorial Agricola
Innovación

Agricultura en Holanda: cuando la innovación busca el mercado

02/10/2018

Por Caridad Calero. Redacción

La agricultura no consiste en limitarse en colocar piedras o ladrillos para construir una pared, su objetivo es construir una catedral: un gran proyecto a largo plazo que requiere el trabajo conjunto de distintos expertos. Esta fue una de las interesantes ideas que Louise Fresco, presidenta de la junta ejecutiva de la Wageningen University & Research (WUR), lanzó en la charla inaugural del congreso de Periodistas Agrarios el pasado julio. Congreso que se celebró precisamente en el campus de dicha universidad, una institución puntera en Holanda con una fuerte vocación internacional.


Partiendo de esa idea, y de lo que vimos durante los días que duró el congreso no me cabe duda que, si tuviera que comparar la agricultura holandesa con una catedral, esta sería la Sagrada Familia de Barcelona. Una catedral conocida mundialmente, con casi tanta historia como la agricultura moderna, aún en construcción pero, desde siempre, tremendamente innovadora. 

Con casi 18 millones de habitantes, Holanda es un pequeño país densamente poblado en el que la mayoría de las industrias, las grandes ciudades y los suelos con mayor vocación agrícola se encuentran en el centro-oeste. Su sector agrario se encuentra con tres importantes dificultades: competir con la propia ciudad en el acceso a recursos (espacio, agua, energía), lograr una producción sostenible de alimentos y responder a las crecientes exigencias de los consumidores.

Los agricultores que se atreven a emprender en este complejo medio, tienen que vérselas con las dificultades de producir en un ambiente fuertemente urbanizado en el que resulta vital manejar de la manera más eficiente posible las materias primas, la energía y el agua. Como consecuencia, nos encontramos con una agricultura tremendamente intensiva pero a la vez perfectamente sostenible, una curiosa paradoja que se ha convertido en un ejemplo de producción agroalimentaria a nivel mundial.

Para afrontar estos retos, una de las herramientas clave es la economía circular. Un enfoque multidisciplinar en el que se investiga, entre otros temas, en cómo alimentar y manejar al ganado (especialmente el porcino) para obtener unos purines con la mejor calidad agronómica posible para su uso como abono. Además de mejorar la sostenibilidad de la actividad agrícola y ganadera, la circularidad implica innovaciones técnicas, reducción de costes y creación de nuevas oportunidades de negocio. 

Otra herramienta clave es la innovación tecnológica, en la que la Universidad de Wageningen juega un importantísimo papel. Los Países Bajos están a la vanguardia en tecnología que, lógicamente también se aplica al mundo agroalimentario. Un buen ejemplo de cómo la agricultura holandesa combina con gran éxito los avances en tecnología junto con la inversión financiera y en conocimiento, es su potente sector de los materiales de reproducción vegetal - Holanda es el mayor exportador mundial de semillas y plantones - que está continuamente desarrollando nuevas variedades y materiales de reproducción para su uso en agricultura y horticultura (semillas, bulbos, esquejes y plantones) con los mejores rasgos agronómicos y cada vez más atractivos al consumidor. 

En resumen, estamos hablando de una agricultura altamente productiva y eficiente que requiere de una aplicación intensiva del conocimiento, tanto básico como aplicado. Este conocimiento, que en sí mismo constituye un bien exportable tremendamente valioso, encuentra su mejor entorno para crecer y desarrollarse en el “Valle de la alimentación” (Food Valley), un lugar considerado como la versión agroalimentaria de Silicon Valley.

La Cooperativa Agrifirm y el reto de cultivar soja en Holanda

Durante el Congreso tuvimos la ocasión de visitar una explotación agrícola cuyos dueños han decidido afrontar un interesante reto: cultivar soja, una especie que se desarrolla mejor en otras latitudes, en Holanda.

Ad y Jolanda Raaijmakers son unos de los primeros agricultores holandeses en cultivar soja. Dado que algunas de sus tierras están en zonas protegidas, donde no se pueden utilizar pesticidas, decidieron optar por la producción ecológica. A pesar de no ser la especie más indicada, escogieron la soja para hacer rotación de cultivos, animados en parte por la importante demanda de soja ecológica para pienso en Holanda y el resto de Europa.

Al ser miembros de Agrifirm, una cooperativa holandesa formada al 100% por agricultores pero con presencia internacional, se han beneficiado de un importante apoyo en todo el proceso: acceso a semillas de alta calidad, asesoramiento durante el cultivo, recogida, procesado y venta de la cosecha, por la que han recibido el precio de mercado.

Lógicamente, los técnicos de la cooperativa se han encontrado con varios problemas:

-Un clima demasiado húmedo, en el que la soja tarda en madurar ( en el sur se recoge en septiembre y en el norte en octubre) y en el que existe la necesidad de secar el grano tras la cosecha.

-Daños por heladas en algunas plantaciones.  

-Infecciones de Sclerotinia en regiones donde se ha hecho un cultivo intensivo de patata.

-Obtención de un producto muy heterogéneo con grandes diferencias en el color y aspecto de las habas.  

-Suelos carentes de la bacteria Rhizobium, por lo que es necesario inocularla mediante tratamiento de cobertura a las semillas. Eso sí, una vez conseguida la simbiosis no es necesario fertilizar el cultivo.

A pesar de todo ya hay 475 hectáreas cultivadas, que han dado rendimientos cercanos a 3.000 kg por hectárea. De momento su producción la han vendido a Alpro (empresa Belga dedicada a sustitutos vegetales de productos lácteos) para consumo humano, pero se espera que en un futuro la soja obtenida sirva capaz de reemplazar a las grandes cantidades de soja que se importan para piensos.

La Universidad de Wageningen

Es un centro puntero de investigación y formación especializado en ciencias de la vida: alimentación y producción de alimentos, medio ambiente y salud. Está situado en los primeros puestos de diversos ranking mundiales en estos ámbitos, y su vocación claramente internacional se ve reflejada en sus cerca de 12.000 estudiantes procedentes de 103 países distintos. 

La Universidad está íntimamente asociada a una fundación del mismo nombre dedicada a la investigación, dando como resultado el WUR - Wageningen University & Research. Su fortaleza reside en la capacidad de unir las fuerzas de los diversos institutos de investigación especializada (plantas, ganado, veterinaria, alimentos, medio marino, medio ambiente, economía) y en la combinación de aportaciones de distintos campos de las ciencias naturales y sociales. Esta unión de expertos conduce a logros científicos que pueden ponerse rápidamente en práctica e incorporarse a la educación que ofrece esta institución.

En Wageningen se combinan el conocimiento fundamental y el aplicado para contribuir a resolver cuestiones importantes en el ámbito de la alimentación y el medio ambiente. Los empleados y los estudiantes se inspiran en la naturaleza, la sociedad y la tecnología, de manera que pueden afrontar estas cuestiones con una perspectiva más amplia y llena de curiosidad. Esta inspiración les ha permitido desarrollar y aplicar conocimiento desde hace nada menos que cien años.

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