Editorial Agricola
Innovación

Adiós a la era energética fósil

11/04/2017

Por: Jorge Jaramillo. Periodista agroalimentario

¿Cuál es el coste real que conlleva la obtención de alimentos en un país como el nuestro? y ¿con qué parámetros se mide la eficiencia de los procesos productivos?

La amenaza del cambio climático también ha obligado a sectores estratégicos, como el agroalimentario, a pisar el acelerador para reducir emisiones y economizar así sus modelos de explotación. No en vano, cada año genera 160 millones de toneladas como cuantifica el Plan de Energías Renovables 2011-2020.

Hoy, gracias a los nuevos desarrollos tecnológicos, muchos de esos subproductos pueden ser ya materias sustitutivas del petróleo para obtener bioplásticos, aditivos alimentarios, cosméticos o biocombustibles avanzados. Los primeros resultados arrojan, de hecho, una nueva realidad energética. La hoja de ruta está trazada hasta 2030. La bioeconomía manda.

Expertos en cambio climático de la ONU sostienen que, en poco más de medio siglo, hacia el año 2080, las energías renovables podrían dar cobertura al 77% de las necesidades de todo el planeta. Es, en todo caso, la hipótesis más optimista, ya que todo ello dependerá lógicamente de las políticas y el cumplimiento de los compromisos que van firmando los países para optimizar los recursos naturales y los residuos que generamos; los últimos, en la Cumbre de París que rediseña el camino para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Entretanto, no hay tiempo que perder, y en ese sentido, la Unión Europea cuenta con diferentes programas para avanzar en la investigación e innovación con el fin de lograr avances, descubrimientos y primicias a nivel mundial, para convertir las grandes ideas de laboratorio en productos de mercado. Esa es la filosofía del plan Horizonte 2020, dotado con 80.000 millones de euros por parte de la UE, a lo que habrá que sumar la inversión privada que llegue para los diferentes proyectos.

En este contexto, en 2012, la propia Comisión adoptó una estrategia para orientar la economía hacia un mejor uso de los recursos renovables denominada “La innovación al servicio del crecimiento sostenible”. Y entre todas las áreas identificadas, convino como algo urgente la necesidad de avanzar en seguridad alimentaria, en una agricultura y silvicultura mejor aprovechadas, en investigación marina, y en bioeconomía. Y en ello están ya varias firmas que han encontrado en sus propios residuos o subproductos una verdadera fuente de riqueza; primero porque su reutilización supone un ahorro importante de costes en la retirada y destrucción de los mismos, y segundo, porque la obtención de bioenergía u otros subproductos biológicos, aleja también a la empresa de los vaivenes y fluctuaciones de precios del mercado, ya sea gasto eléctrico o de calefacción. Si tenemos en cuenta además que la eliminación de una tonelada de residuos alimentarios le cuesta al contribuyente comunitario entre 55 y 90 euros, y que al mismo tiempo emiten 170 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, el reto es más que obligatorio.

CLAS, un referente para Europa

En mayo, Central Lechera Asturiana (CLAS) será la envidia de muchas firmas al poner en funcionamiento la principal planta de generación de biogás agroindustrial de Europa, a partir del procesado de purines tratados por cogeneración. Rubén Wensell, uno de los ingenieros de Biogastur, participada al 25% por CLAS para la construcción de estas instalaciones (en las que se han invertido unos 12 millones de euros), advierte de la capacidad que tendrá de generar biogás en cantidades similares para suministrar la electricidad de una ciudad como la de Toledo.

Su presidente, Javier Díaz González, aprecia un interés creciente por el aprovechamiento de residuos desde el tejido industrial agroalimentario. “No en vano, son grandes consumidores de energía y al mismo tiempo productores de restos perfectamente valorizables”.


La transformación de biomasa para generar energía y bioproductos está representada en el país por 170 empresas.


“Con la reutilización de hasta 400.000 toneladas al año de purines, se da solución a un problema de carácter medioambiental, generando además 30 gigavatios de energía eléctrica, cuando el consumo de la propia cooperativa ganadera es de 9; además, ese reaprovechamiento permitirá obtener otras 25.000 toneladas de fertilizante seco para los pastos; aunque lo más importante es que dejaremos de emitir 34.000 toneladas de CO2 al año”. En 2004 se creó en nuestro país la Asociación Española de Valorización Energética de la Biomasa, AVEBIOM.

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