Editorial Agrícola
Economía

¿A quién beneficia?

02/03/2021

Por Esther Herranz, experta en la UE y agricultura (diputada europea 2002-2019), profesora y apasionada del sector agroalimentario

Mucho se está hablando estas últimas semanas de sistemas de etiquetado frontal de los alimentos. Es cierto que la sociedad necesita claridad e información veraz en los etiquetados y que esa información ha de ser comprensible y adaptada a cualquier tipo de consumidor, así como neutral para que podamos confiar en su veracidad. Todo ello porque algunos Estados miembros de la UE han decidido incorporar de manera obligatoria en sus mercados el sistema de etiquetado Nutriscore, que está desarrollado por la iniciativa privada, aunque no se sabe con certeza quién está detrás de esta iniciativa.


Se trata de aplicar un algoritmo a los productos alimentarios que tengan algún tipo de procesamiento, por liviano que éste sea, y caracterizarlos con un semáforo: del tranquilizador verde, pasando por el amarillo preocupante hasta el alarmante rojo. De generalizarse el sistema entre los consumidores, llevará a que un producto sea percibido como sano o bueno, regular o incluso malo para nuestro organismo sólo por el color que aparezca en su etiqueta.

El algoritmo empleado por esta marca privada ha demostrado que no es muy de fiar. Por ejemplo, se ha demostrado que, con cambios de tipos de azúcar empleado, un producto mejora su calificación enormemente o que no se tienen en cuenta características beneficiosas para la salud de los alimentos. Ver calificado un producto ultraprocesado con un color verde tranquilizador y, al mismo tiempo, un producto como  el embutido ibérico con un rojo alarmante ya avisa de que algo en ese algoritmo no funciona bien. El sistema es francamente mejorable, ha de ser más garantista y equilibrado, teniendo en cuenta todos las cualidades del producto y no únicamente su contenido en grasa, sal y azúcar.

Algunos hemos visto con sorpresa al ministro de Consumo español defenderlo a capa y espada y empeñado en introducirlo en nuestro país en abril de este mismo año, a pesar de las dudas expresadas por la comunidad científica y las asociaciones de consumidores o las quejas expresadas por las asociaciones interprofesionales del sector alimentario de las muchas debilidades del sistema.

Como respuesta a las críticas, algún sector ha sido indultado en España de la obligación, como el aceite de oliva o el jamón ibérico. Pero me temo que aunque estos dos productos esquiven el semáforo rojo en España esto va a ser inútil. Lo explicaré con más claridad.

De momento el sistema es optativo en la UE, pero ya sabemos que la legislación tiende a armonizarse en la UE y, lo que comienza como una recomendación, acaba siendo obligatorio en unos años. Conque, aunque haya excepcionalidades locales, en un mercado interior a 27, los productores españoles de cualquier producto tendrán que adaptarse desde ya a las condiciones que otros países europeos exijan y en futuro podría resultar obligatorio lo que ahora es optativo. Así las cosas, si queremos seguir vendiendo aceite de oliva o jamón ibérico en el mercado único, habrá que asumir las reglas del país de venta o, en el peor de los casos, competir en desigualdad. Además, cuando el consumidor se acostumbre al sistema, percibirá como sospechoso el producto que no incluya un etiquetado frontal con colores de seguridad, advertencia o alarma. Por otra parte, otros aceites de oliva o chacinas de cerdo, procedentes de otros Estados miembros de la UE, estarán en nuestros supermercados etiquetados con ese sistema semafórico, lo cual distorsionará la imagen de algunos productos ante el consumidor.

Por otra parte, aun a riesgo de dar ideas, les contaré algo inquietante.  Las tres grandes cadenas de distribución alimentaria presentes en la inmensa mayoría de los países de la UE ya exigen a sus abastecedores de productos con su marca de distribución la inclusión del sistema Nutriscore; no sólo eso, han dado un paso más. Dado que conocen los datos de contacto de los clientes y sus compras, han comenzado a utilizar sus recursos para dirigirse a los consumidores con tarjetas de fidelización vía sms o email, animándoles a comprar “más barato y más sano” con los productos de “marca blanca”  avisándoles de que son más económicos y están etiquetados con el sistema semafórico del algoritmo Nutriscore, ¡indicándoles que da confianza! Por supuesto, estas cadenas etiquetarán del mismo modo todos esos productos en España, sean alimentos ultraprocesados, aceite de oliva, embutidos, jamones o cereales, que procederán de España o de cualquier otro sitio, rompiendo de manera sibilina las condiciones del mercado único.

Esto me lleva a reflexionar sobre a quién se beneficia realmente el sistema de etiquetado semafórico con este algoritmo. Al consumidor ya sabemos que no porque el sistema debe mejorarse, ya que hasta ahora no da una información veraz sobre las cualidades nutricionales del producto. Al fabricante tampoco porque le somete a nueva obligación y le obligará a competir en desigualdad o someterse al sistema “voluntariamente”, así que reflexionen ustedes sobre quién es el beneficiario de este muy mejorable sistema.

Este mes se va a presentar la alianza No Nutriscore por las razones que les he expuesto. Ya les adelanto que a mí me parecen muy razonables sus quejas. Creo que la Comisión Europea debería reflexionar sobre las carencias del sistema y reconducir la situación. No se trata de no etiquetar, se trata de hacerlo con claridad, veracidad y eficacia. Lo que hay ahora sobre la mesa no ayuda al ciudadano a consumir alimentos más sanos con racionalidad ni seguridad.

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