Editorial Agrícola
Innovación

Aplicaciones de la aviación en la agricultura

29/11/2021

*Artículo publicado en noviembre de 1929, número 11 de la revista ‘Agricultura’. En nuestro último número (1.055, noviembre de 2021), llevamos a portada ‘El campo español también se riega con datos’. Desde redacción hemos considerado interesante viajar 92 años atrás en el tiempo para comprobar cómo abordaban nuestros compañeros de entonces las técnicas precursoras de la agricultura de precisión.

Por J. Gabriel García Badell, ingeniero agrónomo

La aviación presta en la actualidad servicios importantes a la agricultura. El reconocimiento de las plagas del campo puede realizarse gracias a este invento moderno, que muchas veces es utilizado para combatirlas. No hay para qué hablar de sus ventajas como medio de transporte rápido, pues de sobra son conocidas. Pero, por encima de todas estas aplicaciones, hay una que es la más importante, como si dijéramos la primordial, que es el conocimiento del campo mismo.


El que vea por primera vez unas fotografías aéreas reconocerá que no existe documento alguno que contenga la profusión de detalles que ellas nos proporcionan. Los caminos, los senderos, las parcelas, las obras de riego más insignificantes, los diferentes cultivos, las labores de preparación, se distinguen con claridad suficiente e incomparablemente mejor que en toda clase de planos gráficos corrientes. (Fig. 1).

¿Cómo podría discutirse esto, después de los millares de fotografías que se utilizaron en la guerra como la más eficaz ayuda de los ejércitos, y para cuya inutilización no servía las más de las veces ni el "camouflage?".

Desde los primeros momentos se pensó, por lo tanto, en servirse de las fotografías aéreas para el levantamiento de planos. Nada había de encontrarse de mayor rapidez y economía, ni que reflejase mejor el aspecto de los cultivos, ni que fuera mejor documento estadístico. Había, sin embargo, que resolver muchas dificultades para poder llegar al levantamiento de planos de precisión; había que suprimir los errores de inclinación de las placas, los de ondulación del terreno, los de distorsión de los objetivos, los que son consecuencia de la velocidad del avión; y había también que hacer que los trabajos de gabinete para transformación, de las fotografías en planos fuesen automáticos.

Dedicáronse los esfuerzos científicos a conseguir estas finalidades, principalmente en Francia y Alemania, y ambas naciones, que siguen disputándose el origen de esta ciencia aplicada, han dado un paso gigante con la construcción de aparatos, que son verdaderas maravillas de aplicación de la óptica y de la mecánica. En estos momentos existen diversidad de modelos de cámaras fotogramétricas automáticas y diferentes sistemas de restitución o estéreorrestitución, con los que se obtienen planos de gran precisión. Innumerables trabajos realizados en Europa y América acreditan estos modernos procedimientos que podríamos llamar de vanguardia. Queda todavía camino por recorrer, pues hasta ahora no se puede prescindir de bases y puntos de referencia obtenidos por los procedimientos topográficos usuales que aunque en mínima cantidad, son necesarios al procedimiento topográfico aéreo.

Se ha visto que la Iucha que se pensaba que iba a entablarse entre unos y otros procedimientos no existe, ambos se complementan. Además, para los pequeños trabajos topográficos, para ciertas nivelaciones y para muchas clases de replanteo no se podrá prescindir nunca del procedimiento terrestre.

Ocuparíamos muchas páginas de esta Revista, y nos saldríamos del marco señalado a sus artícuIos, si quisiéramos exponer las nuevas teorías y los nuevos métodos; pero, por otro lado, no quisiéramos dejar de señalar unas cuantas ideas de vulgarización que, por su sencillez, merecen la pena de ser conocidas por los lectores.

Estas ideas generales que vamos a dar a conocer presentan dificultades para su exposición; pero vamos a afrontarlas, aun con cierto temor de no ser tan claros como desearíamos.

Si suponemos un terreno llano y una cámara fotográfica completamente horizontal, la imagen recogida por la placa será una representación exacta del terreno y a una escala determinada, que dependerá de la altura de vuelo y de la longitud focal de la cámara empleada. Bastará entonces, conociendo la distancia de dos puntos en el terreno, llevar esta placa a una ampliadora corriente y de igual foco que la cámara, para obtener un plano fotográfico a la escala pedida.

Pero si la cámara estaba inclinada en el momento de obtener la vista, la imagen obtenida ya no sería una proyección ortogonal, sino que sería una proyección cónica, que es preciso transformar en proyección ortogonal.

Si pudiéramos colocar la placa en la ampliadora en la misma posición con respecto a la pantalla que ocupaba en el espacio con respecto al terreno, el problema quedaba resuelto, puesto que, en realidad, no haríamos más que lo inverso que hicimos cuando se impresionó la placa, es decir, que un haz de rayos luminosos semejante al que produjo la imagen no diese en la pantalla una imagen semejante al terreno.

La orientación de la placa coa respecto a la pantalla necesita seis condiciones geométricas, no fáciles de determinar en la práctica. Ahora bien, si en la pantalla tenemos tres puntos de referencia determinados topográficamente, y colocados a la escala deseada, podemos, por tanteos, buscar su coincidencia con las proyecciones de esos tres mismos puntos de la placa, y como tres puntos definen la situación de un plano, llegaremos a conseguir la orientación que necesitábamos. Orientada la placa con respecto a la pantalla, la imagen que obtengamos será ya semejante a la del terreno y habremos conseguido el "enderezamiento" del cliché. De estos restituidores tenemos muchos tipos (Roussilhe, Stereographik Munich, Hugersohoff, Zeiss, etc.). (Fig. 2)

Si además de la planimetría necesitamos curvas de nivel, podemos recurrir a dos sistemas de aparatos perfectamente definidos: a) los de doble proyector, y b) los estereoscópicos, cuyo fundamento vamos a tratar de explicar también con la mayor brevedad.

a) Al obtener el avión una fotografía y la siguiente, podemos hacer que una parte de Ia segunda (generalmente el 60 por 100), solape sobre la primera, pudiendo servir esa parte común para ser vista estereoscópicamente, y si en lugar de llevar a la pantalla una sola placa, como hacíamos en el caso anterior, llevamos las dos a proyectores diferentes, y colocados entre sí y en relación a la pantalla en las mismas condiciones de orientación que tenían las cámaras con respecto al terreno cuando se impresionaron, y con la misma orientación interior, los haces de rayos luminosos de ambos proyectores formarían en el espacio, al cortarse, un sólido Iuminoso, semejante al sólido del terreno. Al cortar este sólido por la pantalla a diferentes distancias de la línea que une los centros ópticos de los objetivos (base) tendríamos las curvas de nivel (fig. 3). Prácticamente, se hace esto encendiendo y apagando alternativamente los dos proyectores. Los puntos de las fotografías que no están a la misma altura producen rayos luminosos que se cortan delante o detrás del plano de la pantalla, es decir, que recogidos en la pantalla los vemos moverse al encenderse y apagarse alternativamente los dos proyectores: los que se encuentran en el mismo plano que la pantalla permanecen fijos. Si seguimos estos puntos fijos con un lápiz obtendremos la curva de nivel.

De estos aparatos hay dos tipos: el del doctor Gasser y el de Nistri. (Fig. 4)

b) Los aparatos estereoscópicos se fundan en que, si tenemos dos cámaras aéreas y obtenemos con ellas dos vistas que tengan común una zona de terreno (prácticamente es una sola cámara que se traslada con el avión), las conservamos inmóviles iluminando las placas por detrás, sustituimos los puntos del terreno por nosotros y mirando al través del objetivo de una cámara un punto, nos acercamos o separamos hasta que, a través del otro objetivo, veamos el mismo punto; entonces estaremos en el lugar que ocupaba dicho punto del terreno. Si en lugar de nuestro ojo ponemos un lápiz, reconstituiremos el terreno por puntos.

Los aparatos están, por lo tanto, provistos de dos cámaras idénticas a las que se emplearon en el aire. La observación, una vez que están orientadas, se realiza por un aparato óptico que nos hace ver estereoscópicamente el terreno, y en lugar de moverse el observador se mueven las cámaras, transmitiéndose los movimientos por un sistema de manivelas correspondientes a los tres ejes X, Y y Z. De estos tipos tenemos el aparato Wild, el Zeiss y el Hugershoff, diferenciándose en que en el Zeiss se supone al observador situado en los puntos del terreno, y en los demás, en los puntos de estación. (Fig. 5)

Acompañamos a este artículo unas cuantas fotografías aéreas, que demuestran la perfección a que se ha llegado en la construcción de las cámaras aéreas, y ellas solas dicen mucho más a su favor que cuanto pudiéramos añadir.

He aquí cómo ha quedado resuelto el problema de llevarnos el campo a nuestra casa...

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