Editorial Agricola
Economía

Canadá: en la unión, y en el conocimiento, está la fuerza

21/12/2018

Por Caridad Calero. Redacción

La siguiente frase, ”juntarse es el comienzo. Mantenerse juntos es un progreso. Trabajar juntos es el éxito”, atribuida al empresario estadounidense Henry Ford, podría ser un buen resumen de la transformación en el sector tecnológico en Canadá. El pasado mes de noviembre pude comprobar, de primera mano, la vigencia de esta frase, al menos en lo que respecta al mundo de la I+D ligada al sector agroalimentario. Gracias a Global Affairs Canada, que me invitó a participar en el “Agriculture Technology Media Tour”, pude visitar una muy variada selección de entidades que trabajan en este ámbito. Y lo que es más importante, descubrir cómo una filosofía de trabajo conjunto y colaboración conduce a grandes resultados.


Canadá es país muy extenso y a la vez poco poblado, que está apostando por diversificar su economía para hacerla más estable de cara a un futuro ciertamente complejo. Uno de los objetivos de las entidades de desarrollo económico para lograr esa diversificación de fuentes de ingreso es atraer inversores y emprendedores en distintos ámbitos, entre ellos la agricultura y la ganadería. Para ello se apoyan en una serie de importantes ventajas competitivas que ofrece el país, muy necesarias en el ámbito agrotecnológico: una gran base de investigadores científicos cualificados, un compromiso hacia la I+D y la existencia de fuertes lazos entre instituciones públicas y privadas. Existen, además, grupos y consorcios a nivel regional cuyo objetivo es mejorar la productividad y competitividad de las empresas a nivel nacional e internacional.

Un modelo basado en el conocimiento y la colaboración

Durante el tour pude comprobar en varias ocasiones la tendencia a reunir, en un mismo lugar, a una universidad que contara con facultades especializadas en el ámbito de la agricultura y la alimentación junto con empresas del ramo, instituciones públicas e institutos de investigación. De esta manera se crea un ambiente propicio para el desarrollo de nuevos negocios basados en la innovación. La empresa se beneficia del conocimiento generado en la universidad y de muchos estudiantes de másteres y posgrados deseando aplicarlo. Por su parte, la universidad, al firmar numerosos convenios con entidades gubernamentales y privadas, está en contacto directo con las necesidades reales del mercado y, por tanto, puede ofrecer a sus estudiantes una formación más acorde con lo que demandan las propias empresas. Este modelo es muy similar al desarrollado en el Food Valley de los Países Bajos (ver número de septiembre 2018 de Agricultura).

Juntarse

Volviendo a la frase de H. Ford, el primer paso es juntarse. Ya sea en el sentido figurado de la palabra, asociarse o unirse, estableciendo convenios de colaboración por ejemplo, o en el sentido estricto de estar todos en un mismo lugar físico. Pudiera parecer trivial, pero la cercanía física favorece un intercambio mucho más fluido y efectivo de conocimientos y personas que comparten objetivos y necesidades comunes: desde la existencia de laboratorios totalmente equipados que ofrezcan la posibilidad de realizar o compartir investigación básica y aplicada, hasta la necesidad de facilidades económicas a la hora de instalar una empresa dedicada a la innovación (precio del suelo, la luz o el agua, impuestos locales, redes de transporte y comunicación, etc.).

En este sentido, podría citar el caso de la Universidad de Guelph (Ontario). Su campus alberga, por ejemplo, las instalaciones de investigación de sistemas de ambiente controlado, creadas en principio para investigar el cultivo de plantas en el espacio y que actualmente ofrecen múltiples posibilidades de investigación a clientes muy distintos, y el Centro de innovación alimentaria que ofrece servicios de asesoramiento e investigación a la industria alimentaria para el desarrollo de productos. En el término municipal se encuentran grandes empresas -Semex, una importante firma de mejora genética bovina o la cervecera Sleeman, apreciada por el consumidor local- que se benefician de proyectos conjuntos de investigación y de la presencia de estudiantes con la formación específica necesaria.

Mantenerse unido

En segundo lugar, hay que mantenerse unido, para lo cual es necesario desarrollar una comunicación ágil para que todos los miembros encajen y se sientan parte del equipo. En este sentido, podría poner un ejemplo muy particular: AgWest Bio, una asociación que agrupa a la industria basada en ciencias de la vida para fomentar la investigación dirigida al mercado y el crecimiento de las empresas del sector en la provincia de Saskatchewan. Entre sus miembros se encuentran instituciones públicas de investigación, empresas privadas (desde start-ups a multinacionales), servicios de investigación y desarrollo económico y grupos representantes de commodities representando a un conglomerado de subsectores: biotecnología, bioproductos, biodiésel, medio ambiente, salud y nutrición. Nada menos. Para mantener conectado a un conglomerado tan grande de intereses, la organización organiza frecuentemente eventos de trabajo en red, conferencias y seminarios.

Trabajar juntos

El tercer y último paso es lograr que cada uno aporte lo mejor que sabe hacer y trabajar de manera coordinada para alcanzar el objetivo final. Y aquí va el último ejemplo: Protein Industries Canada. Se trata de un supergrupo o consorcio (supercluster lo llaman) liderado por la industria que incluye empresas y entidades de todo tipo y tamaño. Es uno de los cinco supercluster a nivel nacional al que se ha reconocido el potencial de impulsar la economía y convertirse en promotor del cambio económico. Gracias a este reconocimiento recibirá inversiones que se espera que contribuyan a la creación de 40.000 puestos de trabajo directos y 120.000 indirectos. Y es que en las provincias llanas del Oeste -Saskatchewan, Manitoba y Alberta- son verdaderos expertos en producir colza, trigo y legumbres. El PIC además de contribuir a mantener el liderazgo en la producción, procesado e investigación agroalimentaria, está apostando por buscar un valor añadido a los cultivos tradicionales, que es lo que da dinero y seguridad a largo plazo. Y, ya de paso, a otros alternativos como el lino, el cáñamo y la avena.

En definitiva…

Resultaba inevitable hacer comparaciones entre este modelo de I+D y el que tenemos en España. Creo que la diferencia fundamental, y de la que derivan las demás, es la naturalidad y falta de prejuicios a la hora de reunirse la iniciativa pública y la privada para obtener un mismo objetivo final. Por otra parte, la capacidad de entidades de muy diversa naturaleza -administración, investigación, finanzas, sector privado, etc.- para trabajar conjuntamente permite obtener una visión de conjunto mucho mayor, que a la larga ayuda a que ese trabajo y las inversiones que puedan generarse acaben dando sus frutos.

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