Editorial Agrícola
Economía

La factura virtual de los hospitales para explicar la PAC

06/07/2020

Por Jesús López Colmenarejo, director ejecutivo de Grupo Editorial Agrícola

Casi todos los sistemas productivos tienen una serie de “impactos” que no son remunerados directamente por el cliente cuando compra un producto. Estos conceptos (que también se denominan externalidades) pueden ser tanto positivos como negativos, según su efecto sea respectivamente beneficioso o perjudicial para el entorno de producción.


Algunas de las externalidades positivas de la producción de alimentos son bien conocidas y también poco valoradas. Entre ellas está mantener la población en el medio rural, prevenir incendios, asegurar el abastecimiento de alimentos sanos y seguros a toda la población, etc.

Todas ellas tienen un valor económico difícil de evaluar, porque ¿cuánto cuesta asegurar la salud de la población o el cuidado del medio rural? Este es un debate “más viejo que el hilo negro”, como le gusta decir a un amigo, pero que va a ser cada vez más importante de cara a la próxima reforma de la PAC.

¿Cómo será la PAC post-2021? Aún no conocemos el presupuesto ni está totalmente definida en sus conceptos, pero lo que ya casi nadie duda es que tendrá casi más en cuenta esas externalidades positivas de la agricultura que la propia producción de alimentos en sí.

Y contará con un reto importante: explicar al consumidor por qué se está pagando ayudas a agricultores. A un consumidor que conoce muy poquito la realidad del medio rural y que legítimamente puede pensar que podría haber otras prioridades para los presupuestos europeos, como la política migratoria o la sanitaria.

¿Y cómo se lo podemos explicar para que lo entienda fácilmente?

En estos tiempos en los que la sanidad está en todas partes me ha venido a la cabeza el caso de las “facturas sanitarias informativas” que pusieron en marcha varias comunidades autónomas en algunos de sus hospitales hace unos años. Este mecanismo suponía que los ciudadanosque pasaban por un hospital, y habían requerido los servicios de la sanidad pública, conocían de primera mano el coste real que su tratamiento hubiera supuesto en caso de que hubieran tenido que pagarlo directamente de su propio bolsillo.

De esta forma, en una factura simulada que se entregaba con el alta sanitaria se desglosaba el coste de su estancia en planta, las pruebas médicas y los medicamentos.
Cuando el paciente veía que el coste de una apendicitis era de más de 1.500 euros o que un simple escáner superaba los 100 euros, tomaba conciencia de la importancia y la calidad de los tratamientos que había necesitado y los ponía en valor.

¿Y si pudiéramos lanzar una campaña similar en la lista de la compra de alimentos de un supermercado?

Al coste real de los alimentos (quizás junto al IVA) se debería sumar el CVP, “coste virtual proporcional”, que se desglosaría, entre otros conceptos, en los de cuidar la salud del consumidor, asegurar la disponibilidad de esos alimentos en casi cualquier circunstancia, mantener la población en nuestros pueblos o el cuidado de los paisajes agrarios.

¿Cuánto sumaría este valor al PVP? Seguramente mucho, pero si posteriormente se explica que en gran medida todo está cubierto con la PAC, quizás la percepción de las ayudas al campo fuera diferente.

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