Editorial Agricola
Sanidad y nutrición

Chequeo médico en las enfermedades vegetales

09/02/2016

Por Jorge Jaramillo, Periodista Agroalimentario

Han pasado casi cinco años desde su entrada en vigor y todo el segmento fitosanitario español, desde la industria a los propios agricultores, pasando por las administraciones públicas, reconocen como gran logro que el productor haya entendido que la aplicación de estos productos es la última opción.

Sin renunciar al tratamiento químico, existen otras soluciones y muchas de ellas tan efi caces si se hace prevención y buen manejo.

Desde la aprobación del RD 1311/2012 de Uso Sostenible, la industria, sin embargo, no ha perdido dinero como demuestra el incremento en un 30% de la facturación de las empresas plaguicidas integradas en AEPLA. [1]

 

[1] Aunque resulte chocante, justifican la progresión por el recurso a sustancias menos persistentes que requieren, eso sí, de mayor repetición. Pero nadie dijo que la ley viniera a restar mercado, sino a propiciar una mejor utilización de los tratamientos para cuidar el medioambiente, el suelo, el agua, y la salud del consumidor.

Después de superar una primera etapa, con una revolución que se abre hacia modelos más integrados o ecológicos apuntalados por la lucha biológica de sus plagas y enfermedades, llega la primera evaluación. Queda mucho camino por recorrer, aunque se ha ganado en conciencia; y se ha hecho con pasos de gigante.

En busca de mejores tratamientos...

Con dos o tres paralelismos o comparaciones de comportamientos cotidianos de nuestra vida, se entiende mejor el propósito y la filosofía del Real Decreto de Uso Sostenible de Fitosanitarios, en vigor desde 2012. Para nada pone en cuestión que haya que utilizar dichos productos. Al igual que cuando una persona enferma, hay que buscar el mejor tratamiento, aunque nadie que coja un catarro se le ocurre tomar un antibiótico, o ninguna persona recurre al antitérmico, si no tiene más de 38 de fiebre. En el caso de las plantas, se trata de luchar contra sus afecciones sin fumigar primero y luego preguntar qué aplicación es más efectiva.

Esta es por tanto la filosofía y el debate que ha provocado el nuevo marco legal, empujando a nuestra agricultura hacia un cambio de modelo, al menos en la gestión de plagas y enfermedades, pero sobre todo, en la mentalidad del productor hacia un uso racional de estos productos. Hoy todos saben que hay amenazas que se pueden resolver con feromonas, con lucha biológica o con trampeos… Aquí también hay sectores más aventajados porque llevan más años trabajando en la producción integrada, intensiva o ecológica. Ahora la misión es general después de trasponer una directiva comunitaria de aplicación en todos los Estados. [...]

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