Editorial Agrícola
Regadíos

Lo que nos falta

07/03/2022

Por Esther Herranz, experta en la UE y agricultura (diputada europea 2002-2019), profesora y apasionada del sector agroalimentario)

Escribo esta página viendo chispear tras los cristales, cosa exquisitamente rara en los tiempos que corren. Llevamos un invierno seco, falto de precipitaciones, la nieve ha sido escasísima y la lluvia una rara avis, al igual que lo fue el invierno pasado y, muy lamentablemente, probablemente lo sea el próximo.


Que la sequía en España es un problema estructural, y no coyuntural, es un asunto que algunos hemos defendido siempre y que nos ha costado enormemente que entiendan desde lejanas latitudes dentro de la UE, donde muchos están sufriendo cada año inundaciones, pero tan problemática es la falta de agua como el exceso; metidos en el sector primario, los cultivos y los animales necesitan agua en su justa media.

Que no tenemos un plan hidrológico adecuado a nuestras necesidades como país es también conocido. No insistiré en la ocasión perdida por la escasa visión estratégica como país, y por la necedad política que muchos demostraron allá por los inicios de este siglo. Pero el problema subsiste y continuamos con una escasa política de regadíos, embalses, canales y demás infraestructuras necesarias para que nuestro sector primario sea competitivo y adecuado a los retos del s. XXI, en términos de sostenibilidad, de rentabilidad, y desde un punto de vista social. Sucede, además, que la España interior es un desierto demográfico, y la periférica, donde se acumula la población, tiene menor cantidad de abastecimiento de agua asegurado para el futuro que la España interior, por la errática política hídrica que se ha seguido en España y sus comunidades autónomas durante mucho tiempo.

Estos días estamos asistiendo a mucha reivindicación de las gentes del campo, clamando por precios justos, reclamando el cese del acoso al que son sometidos los agricultores y ganaderos por mucho ecologista de salón, pidiendo que desde las administraciones se les apoye de manera efectiva. He estado siguiendo sus proclamas y me ha sorprendido mucho no ver grandes carteles pidiendo solución al problema del agua que nos falta y una buena regulación de los caudales disponibles. Un ministro, a quien ilumina más el dogmatismo que la inteligencia, ha encendido los ánimos, pero él y sus estulticias pasarán; una empresa puede apretar las tuercas en los precios y dejar fuera del mercado a muchos productores, pero se denunciará y el problema podrá solucionarse con voluntad política y empresarial; lo que nos dejará extenuados de verdad es la falta del recurso fundamental para tener viabilidad: el agua y que esté a un precio asequible. Y el agua faltará, eso ocurrirá y no se podrá solventar de manera improvisada. A mí me parece la reivindicación más importante y necesaria en los tiempos actuales y me sorprende que no sea la reivindicación más solicitada por el sector primario español.

Si no hacemos algo pronto, el agua nos va a faltar y, cuando esto ocurra, el agua de boca será prioritaria y prohibitiva, conque ténganlo en cuenta desde el ministerio que corresponda, que no sé si será el de la sostenibilidad, el de agricultura o el de interior, porque con este Gobierno de España una no sabe muy bien nunca a quién dirigirse y quién es el que decide. Tomen medidas urgentes y empleen buena parte de los fondos europeos para dotarnos de infraestructuras hidráulicas que nos alivien de este problema estructural antes de que sea demasiado tarde, porque sed ya estamos pasando y la cosa se va a poner fatal.

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