Editorial Agricola
Economía

La sanidad vegetal y el elogio a la máquina de escribir

La tecnología avanza rápidamente, nuestros equipos se quedan obsoletos en un par de años como máximo, pero, cuando los compramos, casi nunca nos planteamos cómo han sido fabricados ni lo que estos procesos implican para al medio ambiente.

Aún así, la realidad es tozuda, y aunque queramos esconder la cabeza ante la evidencia, existen estudios que indican que se emiten entre 200 y 270 kilogramos de dióxido de carbono al fabricar un portátil. Además, esta contaminación se produce casi siempre en fábricas de países asiáticos donde los controles ambientales son más laxos, por lo que su efecto ambiental es mayor, y eso sin tener en cuenta la huella ambiental que supone transportar los equipos desde la otra punta del mundo.

Y no sólo contamina fabricar los ordenadores y móviles. El consumo eléctrico de nuestros equipos electrónicos también afecta al medio ambiente, ya que esta energía proviene en gran medida de centrales térmicas o nucleares, y no es nada desdeñable ya que se estima en un rango de 200 kw por equipo al año.

Pero la contaminación ambiental de los soportes electrónicos no acaba ahí. Su obsolescencia genera unos 6Kg de chatarra electrónica (metales y plásticos) por habitante al año.

Si aún no estás preocupado por estas cifras, deberías estarlo. ¿Cuánto afectan estos procesos al calentamiento global y al cambio climático?, ¿estamos haciendo lo suficiente para paliar los efectos que la tecnología provoca en el medio ambiente?

Yo nunca tuve una máquina de escribir, tuve la mala suerte de pasar del bolígrafo al ordenador. Cuando empecé a trabajar, eso sí, utilicé el fax hasta que se generalizó el correo electrónico. Echándome al monte, y en un ataque de nostalgia y demagogia, podría sentirme tentado a luchar para imponer la máquina de escribir como base de nuestra comunicación.

No en vano la máquina de escribir es un aparato respetuoso con el medio ambiente, ya que no consume electricidad y su tasa de obsolescencia es mucho menor. Además, este retorno se vería unido al de la carta impresa, con las connotaciones positivas de empleo que generaría ¿estamos dispuestos a ello?, ¿alguien se anima?

Seguramente serán pocos los que se sumen a esta propuesta porque casi todos veríamos afectada negativamente nuestra vida actual. Nuestro trabajo, ocio o relación con la sociedad cambiarían bruscamente ya que, hoy por hoy,  dependen de los dispositivos electrónicos. Hay algo de egoísmo en esta actitud, evidentemente.

Ahora bien, el activismo frente a los fitosanitarios es mucho más sencillo para nuestra sociedad.

Al fin y al cabo, la mayor parte de los que proponen la eliminación de las materias activas de lucha contra las enfermedades y plagas vegetales no tienen que practicar la escarda manual de varias hectáreas al día, correspondientes a la superficie achacable a los alimentos que consumen.

Es tremendamente fácil prescindir de algo que crees que no necesitas cuando esta decisión no afecta directamente a renuncias en tu día a día. La ignorancia es muy atrevida, dicen...

¡Vivan la máquina de escribir y la escarda manual!

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