Editorial Agrícola
Economía

Las inspecciones de Trabajo en el campo en dos frases de Alfredo Di Stéfano

29/05/2020

Por Jesús López Colmenarejo, director ejecutivo

"No te pido que atajes las que vayan dentro, pero por lo menos no te metas las que vayan fuera”. Esta frase se la dijo Alfredo Di Stéfano al portero de un equipo que entrenaba, y en mi opinión refleja muy bien la situación que se ha creado tras la decisión del Ministerio de Trabajo y Economía Social de iniciar una campaña de inspección laboral extraordinaria en explotaciones agrícolas.


Ya el cuestionario que llevan los inspectores contiene preguntas que tienen su “miga”: “¿hay signos visibles que indiquen que el trabajador no puede abandonar el lugar de trabajo, como alambradas o la presencia de guardianes u otras limitaciones?”, “¿muestra el trabajador signos de ansiedad?”, “¿presenta el trabajador indicios de malos tratos como magulladuras en las manos?” o “¿muestran los supervisores/empleadores un comportamiento violento?”.

El control de las condiciones laborales en el campo siempre es positivo. Hay que evitar abusos, que los hay, como en muchas otras actividades económicas, pero quizás en este caso han fallado dos cuestiones importantes: las formas al anunciarlo y el momento en el que se lleva a cabo.

La falta de formas (hablar de esclavitud en el campo español como si fuera algo generalizado) tiene sus efectos en otros mercados cuyos competidores están agazapados esperando nuestros fallos.

Ethical Consumer, una asociación activista británica en favor de los derechos laborales, acaba de lanzar una campaña para apoyar a los trabajadores migrantes que suministran fruta al Reino Unido y viven en asentamientos sin acceso al agua en plena pandemia. ¿Y cuál es uno de los principales exportadores de fruta al Reino Unido? Precisamente España. Nuestros competidores internacionales en el sector hortofrutícola están frotándose las manos.

Y como decía antes, creo que no sólo han fallado las formas, sino también los tiempos.

Nos encontramos en una coyuntura sin mano de obra disponible en el campo que pone en peligro la recogida de varios cultivos. Al cierre de este número de Agricultura, no tenemos movilidad de trabajadores entre comunidades autónomas y el sector agroalimentario es un soporte clave de nuestra maltrecha economía, más si cabe en un año en el que el sector turístico va a estar seguramente bajo mínimos.

Lanzar esta campaña ahora y “darle aire” es poner más palos en las ruedas de nuestra imagen ante la sociedad, ya de por sí bastante estigmatizada. La cadena agroalimentaria, agricultores y ganaderos, industria y distribución, lo ha dado todo durante esta crisis (como hace siempre) para que dispongamos de alimentos buenos, bonitos y quizás demasiado baratos.

El sector está en un nivel en el que ya no espera reconocimiento; simplemente pretende que se le deje trabajar, porque lo hace en un país en el que la legislación laboral está muy definida, aunque paradójicamente sus productos compitan con los de otros países en los que sí hay esclavitud de verdad.

Ciertamente, como decía Don Alfredo, parece que nos estamos metiendo en la portería los balones que iban fuera.

Y querría concluir este editorial con otra frase suya que sirva de reflexión: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”. Nuestro sector debe dejar aparcadas sus rencillas históricas entre eslabones y encontrar diferentes fórmulas para trabajar unido, porque si hay alguna posibilidad de “salir vivos” de esta no va a ser cada uno por su lado.

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