La declaración conjunta emitida por la Unión Europea y Estados Unidos el 21 de agosto define el marco para el comercio y la inversión transatlánticos establecidos entre ambas partes, a raíz del acuerdo político alcanzado el 27 de julio por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente estadounidense, Donald Trump.
El resultado es “un tipo arancelario máximo y global del 15%” para la gran mayoría de las exportaciones desde la Unión Europea hacia Estados Unidos. Aunque se puntualiza que algunos grupos de productos contarán con un régimen especial, al que solo se aplicarán aranceles de nación más favorecida y que ambas partes seguirán trabajando para ampliar dicho régimen a otras categorías, por el momento entre éstas no se encuentran productos agroalimentarios sensibles para la UE y para España, como el vino, el aceite de oliva o los frutos secos, tal y como se esperaba en un principio.
La Comisión Europea afirma que el resultado negociado evita una escalada mayor hacia una guerra comercial y crea una base para seguir dialogando y desarrollando la relación transatlántica. “Este no es el final del proceso, seguimos colaborando con los Estados Unidos para acordar más reducciones arancelarias, identificar más áreas de cooperación y crear más potencial de crecimiento económico”, afirmó la presidenta Ursula Von der Leyen.
Desequilibrio para los productores europeos
El Copa y la Cogeca, organizaciones representativas de los agricultores y las cooperativas europeas, lamentan que el acuerdo no ofrezca beneficio ni alivio alguno al sector agrícola de la UE. “La expectativa mínima era una reducción arancelaria para vinos y bebidas espirituosas -una solución respaldada por actores del sector tanto en la UE como en EE. UU.-, sin embargo, esto no se ha materializado”, apuntan.

“En términos prácticos, se le está pidiendo a la agricultura de la UE que acepte condiciones comerciales más débiles, mientras que EE. UU. obtiene nuevas ventajas. Esto no es reciprocidad, sino un error estratégico que socava a los agricultores, cooperativas agrarias y economías rurales de la UE”, añaden.
A este respecto, el Comité Europeo de Empresas Vitivinícolas (CEEV) ha expresado su “profunda decepción” tras conocer que el Acuerdo Marco de Comercio no incluye al vino entre los sectores exentos del nuevo arancel general del 15%. “Esta omisión resulta especialmente preocupante dado el estatus del vino como producto emblemático de exportación europea”, señala la entidad. “Solo en 2024, el sector vitivinícola de la UE exportó más de 4.880 millones de euros en vino a Estados Unidos”, que se ha convertido en el principal mercado de destino para los vinos europeos. El CEEV insiste en que el vino sea incluido en próximas negociaciones, para que pueda beneficiarse de un régimen arancelario especial.
El sector agroalimentario español alerta de los riesgos del acuerdo
En España, los ministros de Agricultura, Pesca y Alimentación y de Economía, Comercio y Empresa -Luis Planas y Carlos Cuerpo, respectivamente- se reunieron el 27 de agosto con el conjunto del sector agroalimentario, para intercambiar información sobre los aranceles y la declaración conjunta suscrita el 21 de agosto por la UE y EE. UU.

Reunión ministerial con el sector agroalimentario español.
Entre las organizaciones presentes en la reunión, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), que considera el acuerdo una cesión unilateral a los intereses estadounidenses que deja en clara desventaja al sector agrario español y europeo. “Legitima una competencia desleal intolerable”, ha subrayado el secretario general de COAG, Miguel Padilla. Por ello, han solicitado que el Gobierno español lo rechace durante el proceso de ratificación en Parlamento Europeo, Consejo y Comisión.
La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) coincide en que es un “acuerdo negativo” para los agricultores y ganaderos europeos, “que vuelven a ser la moneda de cambio en negociaciones internacionales donde otros sectores salen favorecidos”. A la espera de la ratificación del reglamento definitivo, ha exigido que la Comisión Europea establezca un paquete de ayudas compensatorias que mitigue las distorsiones de mercado y las pérdidas derivadas del acuerdo, y ha reclamado al Gobierno de España ayudas de Estado específicas para agricultores y ganaderos.
Por su parte, Unión de Uniones reafirma su posición crítica tras la reunión, señalando que el pacto UE-EEUU supone “un golpe directo al campo del que se debería hacer un informe detallado de impacto”. Aunque concede que se ha evitado un escenario de tarifas del 30% o superiores, critica que no se haya hecho valer ni el peso político ni la realidad europea, dejando en clara desventaja a los agricultores europeos y españoles, al no haberse acordado arancel cero para ningún producto agrario europeo, ni siquiera los estratégicos, mientras que sí se facilita la entrada de exportaciones estadounidenses (frutos secos, lácteos, frutas, hortalizas, carne de cerdo).
Las organizaciones agrarias alertan, asimismo, del riesgo de que se flexibilice el Reglamento de Deforestación para beneficiar a Estados Unidos, en el marco de este pacto comercial.
La almendra española, en peligro
Uno de los sectores que ve inclinarse la balanza hacia el lado contrario es el de los frutos secos. Desde la Federación de Cooperativas Agrarias de Murcia (Fecoam) expresan su "malestar y máxima preocupación" por la viabilidad de las explotaciones del sector de frutos secos a raíz del citado acuerdo comercial. Las bases conocidas generan "gran inquietud" en los productores no solo de la Región de Murcia, sino de toda España, explica Pedro Guerrero, responsable sectorial de Fecoam.

Almendra recolectada en una cooperativa de frutos secos de la Región de Murcia. Fuente: Fecoam.
Si nada cambia, la almendra española soportará aranceles del 15% para su entrada en el mercado norteamericano, mientras que se liberaliza la entrada de frutos secos estadounidenses y otros productos, por valor aproximado de 650.000 millones de euros. Una liberalización que “pone en grave peligro nuestras explotaciones, nuestra industria y nuestra soberanía alimentaria”, teniendo en cuenta, además, que Estados Unidos es el mayor productor mundial de almendras, con producciones intensivas que carecen de las limitaciones de fitosanitarios que se aplican a los productores europeos, incide Guerrero.