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Efectos del cambio climático en los cultivos tropicales en España

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FRUTALES

30/09/2025

2 minutos en leer

Nuestro país tiene una posición de liderazgo en el sector de los cultivos tropicales: es el primer país productor en la Unión Europea y, en los últimos 15 años la mayor Comunidad Autónoma productora, Andalucía, ha aumentado su superficie de las 6.000-7.000 hectáreas a las 20.000. Estos cultivos necesitan un clima constante, temperaturas no demasiado altas en verano y, en invierno, que no bajen de los 8-10 grados; sin embargo, toleran mejor el exceso de las temperaturas. Por eso, cabe preguntarse si el cambio climático es un aliado o, por el contrario, perjudica más que ayuda.

El auge de los cultivos tropicales en España es debido a distintos factores: búsqueda de alternativas a otros cultivos tradicionales por parte de los agricultores, rentabilidad, demanda del consumidor y el aumento de la inmigración.

Víctor Luque, director general de Trops, afirma que, a pesar de los altibajos del sector, este ha crecido en los últimos años exponencialmente, con exportaciones que entre 2014 y 2024 aumentaron un 75% en volumen y un 174% en valor.

Carolina Martínez Gaitán, coordinadora del Departamento de Producción Vegetal y Medio Ambiente del Centro Tecnológico Tecnova, afirma que “en Andalucía el sector está representado por unas 36 empresas productoras y/o comercializadoras, especializadas en tres cultivos fundamentalmente: aguacate, mango y chirimoya; el cuarto cultivo frutal tropical es el níspero, seguido de la papaya y pitaya”.

Explica que, aunque algunos de estos cultivos se están extendiendo a zonas como Huelva, Cádiz y Almería, la zona de mayor concentración “sigue estando en la conocida como Costa Tropical de las provincias de Málaga y Granada”.

Por su parte, el coordinador del Área de Tecnología del Centro de Innovación Tecnológica de Coexphal, Esteban Baeza, explica que “en los últimos años los cultivos tropicales como el mango, papaya, aguacate, chirimoya, han tenido un aumento notable de superficie en Andalucía, sobre todo en Málaga, Huelva, Almería y también en Canarias, debido a que el clima es favorable y son cultivos que no podrían hacerse en interior”.

Cambio climático

El cambio climático está favoreciendo, en cierta medida, la proliferación de estos cultivos, tal y como señala Juan José Hueso, investigador y responsable de Fruticultura de la Estación Experimental de Cajamar, “aunque el calentamiento global y las temperaturas cada vez más altas favorecen la expansión de estos cultivos frente a otros, sabemos que el Cambio Climático no es algo estable, tiene altibajos, climas adversos severos, frentes muy fríos, danas, olas de calor, lluvia mal repartida, etc., y esto evidentemente no ayuda”.

Pero los efectos son más negativos que positivos. Esteban Baeza sostiene que “el cambio climático es negativo porque las temperaturas son más extremas y las olas de calor más frecuentes, que además suelen coincidir con los momentos críticos de floración y cuajado”.

Carolina Martínez sostiene que el cambio climático lleva afectando varias campañas agrícolas, “debido a la escasez de lluvia, con la consiguiente disminución de la recarga de las reservas hídricas; esto provoca la reducción del diámetro de los frutos producidos, lo que supone una reducción considerable de la cantidad total de fruta producida por unidad de superficie”.

Víctor Luque es de la misma opinión, “el cambio climático es, sin duda, uno de los grandes condicionantes para el presente y el futuro de los cultivos tropicales en España. Por un lado el aumento de las temperaturas medias ha permitido que especies tradicionalmente subtropicales, como el aguacate y el mango, se adapten muy bien a regiones como la Axarquía malagueña, la Costa Tropical de Granada o el Algarve portugués, abriendo nuevas oportunidades para el sector; pero los efectos negativos son evidentes: sequías prolongadas, menor disponibilidad de agua, fenómenos meteorológicos extremos y mayor presión de plagas y enfermedades”.

La clave, a su juicio, está en “la gestión eficiente de los recursos hídricos y en la innovación agrícola, con técnicas de riego localizado, mejora genética, digitalización y prácticas más sostenibles; de este modo el sector podrá mitigar parte de los efectos adversos”.


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