Un sumidero de carbono, según lo define el Ministerio de Transición Ecológica es: “todo sistema o proceso por el que se extrae de la atmósfera un gas o gases y se almacena”.
Atendiendo a esta definición, las masas arboladas son sumideros naturales de CO2, puesto que, mediante la fotosíntesis, los vegetales absorben dióxido de carbono atmosférico y lo almacenan en forma de carbono en sus tejidos. Océanos y suelos también captan CO2 para completar diversos procesos biológicos.
El objetivo de la Unión Europea es incrementar las capacidades de los sumideros de CO2 en un 15% para el año 2030. El Reglamento 2018/245 define los sumideros como “cualquier proceso o mecanismo que absorbe gases de efecto invernadero de la atmósfera” y pretende impulsar dichos sumideros de carbono mediante la gestión agroforestal sostenible y el uso sostenible de la atmósfera.
Los planes de energía y clima, la Política Agrícola Común y la Estrategia y el Plan Forestal deben alinearse con dicho Reglamento.
Existen unos objetivos nacionales vinculantes de reducción de CO2, fijados de forma reglamentaria por la Unión Europea y para conseguir cumplirlos, España deberá adoptar una serie de medidas enfocadas en los sumideros forestales de CO2.
Con la finalidad de aumentar las capacidades, se han establecido normas para favorecer el cambio de uso de determinadas tierras y primar la selvicultura, que es un sumidero neto de CO2, absorbiendo el 10% de las emisiones totales. Asimismo se ha creado el inventario nacional de gases de efecto invernadero.
Los bosques no solo producen madera, además protegen el suelo, influyen en el ciclo del agua y constituyen hábitats de flora y fauna. Su gestión debe ser sostenible y perseguir el equilibrio entra la tala y la conservación del hábitat.
Los sumideros naturales de CO2 deben ampliarse al ritmo que se han ampliado las actividades humanas que generan CO2. Para ello se deberían realizar nuevas plantaciones, potenciar la lucha contra los incendios, diversificar los bosques con el fin de aumentar su resistencia y equilibrar los aprovechamientos.
El medio ambiente soporta la vida humana y la propia actividad humana genera desequilibrios que deben compensarse para que la existencia sea sostenible. En el caso del dióxido de carbono, la actividad antrópica genera un excedente y la propia naturaleza provee del mecanismo para compensarlo mediante la fotosíntesis, que llevan a cabo las plantas, las algas y algunas bacterias.
Unos orgánulos celulares especializados, llamadas cloroplastos, son capaces de aprovechar la energía del sol mediante la clorofila, el agua accede a través de las raíces de la planta y el CO2 mediante los estomas de las hojas. El proceso de la fotosíntesis, permite producir carbohidratos que se almacenan en los tejidos de la planta y oxígeno que se libera al ambiente.
Este proceso natural ha sido “redescubierto”, encontrado ahora un nuevo objetivo, como es contribuir a neutralizar las emisiones antropogénicas de CO2, tan nocivas como se han mostrado para el equilibrio del planeta, provocando el calentamiento global, la acidificación de los océanos, etc.
No obstante, los suelos y los bosques a nivel global, absorben de forma natural menos de un tercio de las emisiones con origen en la actividad humana, producidas al quemar combustibles fósiles. Aproximadamente una cuarta parte lo asimilan los mares y algo menos de la mitad del CO2 producido permanecería en la atmósfera. Este es el origen del efecto invernadero y el cambio climático, los procesos naturales no son capaces de asimilar todo el CO2 producido por las actividades humanas.
Ampliando los sumideros de CO2, se conseguirá cumplir un doble objetivo. Aumentar la absorción de CO2, contribuyendo a paliar los efectos nocivos derivados de su elevada presencia y además se aprovechan el resto de efectos positivos, derivados de un aumento de las masas forestales, como el aumento de la biodiversidad, la reducción de la erosión, etc.
En paralelo al fomento de los sumideros se ha creado el registro de huella de carbono, estableciendo la obligación del cálculo de dicha huella y la elaboración de planes de reducción de gases de efecto invernadero, para ciertas empresas (cuentas consolidadas y más de 500 trabajadores) y la Administración General del Estado.
La huella de carbono abarca toda la cadena de suministro y el ciclo de producto y su cálculo pretende mejorar la eficiencia, reduciendo las emisiones de CO2 y disminuir la dependencia de los combustibles fósiles.
Todas estas iniciativas, deberían contribuir a minorar el cambio climático y sus múltiples impactos, pero el resultado es incierto, puesto que ciertas investigaciones apuntan a una disminución de la eficacia de los sumideros vegetales a nivel global debido a la limitante escasez de nutrientes en el suelo, las sequias recurrentes o los grandes incendios.
En cualquier caso, es necesario persistir en el empeño y mitigar por todas las vías posibles, el impacto de la actividad humana en los ecosistemas.