La rentabilidad de las explotaciones agrarias en España depende cada vez más de una correcta gestión financiera y del uso adecuado de los seguros agrarios. En un contexto marcado por las inclemencias meteorológicas, las plagas y la volatilidad de los mercados, estas herramientas se han convertido en pilares estratégicos para el sector.
La financiación agraria ha evolucionado hacia modelos más especializados. Según Lorena Ruiz Ponce (Banco Santander), hoy es clave acompañar al agricultor en toda la campaña, y por eso cada vez hay más productos financieros a su alcance: “Los más demandados son los que aportan estabilidad y capacidad de inversión: créditos campaña, líneas a corto plazo, financiación de insumos y anticipos de subvenciones. También destacan los préstamos para adquisición y transformación de fincas hacia cultivos de alto valor como olivar, almendro, pistacho o aguacate. El profesional busca liquidez, pero también herramientas para mejorar rentabilidad y competitividad”.
“La explotación moderna es una empresa que invierte en I+D+i, en agricultura de precisión, en nuevas variedades y en eficiencia de recursos. Todo eso exige planificación financiera a medio y largo plazo. Sin una estrategia clara de inversión y financiación, es difícil abordar la transformación que el sector está viviendo (...). Una financiación bien estructurada permite absorber tensiones de costes, cumplir con nuevas exigencias regulatorias y, al mismo tiempo, seguir invirtiendo en modernización. Cuando la financiación está alineada con el proyecto empresarial, se convierte en una palanca de resiliencia y crecimiento, especialmente en un entorno de transformación como el actual”, señala desde Banco Santander.
Financiación y gestión del riesgo: dos necesidades
Realmente es la combinación de estas dos cosas (financiación especializada y seguros agrarios adaptados) la clave para asegurar la rentabilidad y continuidad de las explotaciones, especialmente en un escenario de creciente incertidumbre meteorológica. Jaime Gómez (responsable del segmento de Negocio Agrario de Reale Seguros) lo explica: “El incremento simultáneo tanto de la contratación como de la siniestralidad en los seguros se deben principalmente a las adversidades climáticas y al proceso de profesionalización que está experimentando el sector. Para Reale Seguros, esto representa un reto estructural significativo para todo nuestro porfolio de seguros específicos para el sector primario al tiempo que confirma la necesidad indiscutible de contar con estas herramientas. El seguro se ha convertido en un elemento imprescindible, pues permite que el agricultor no tenga que afrontar en solitario las pérdidas y pueda mantener la continuidad económica de su explotación, además tenemos el sistema de seguros agrarios que ha demostrado una capacidad constante de adaptación, ajustando sus garantías, ofreciendo módulos completos, mejorando las estimaciones de daños y agilizando los procesos de peritación para responder con mayor rapidez a las necesidades del sector. Este aumento en la contratación también es reflejo de una mayor concienciación por parte de los profesionales agrícolas, que ahora comprenden que el seguro agrario no solo asegura sus producciones, sino que también facilita el acceso a financiación y les permite planificar la explotación con un nivel mínimo de ingresos garantizado”.
La palabra mágica: anticipación
España cuenta con uno de los sistemas de seguros agrarios más avanzados de Europa. Desde ENESA se trabaja para adaptar las coberturas a todo tipo de explotaciones: “Uno de los principales retos del sistema es el impacto del cambio climático, que supone una mayor incertidumbre respecto a los riesgos causados por fenómenos naturales. Ya podemos percibir la realidad en la que nos encontramos y de la que somos testigos, que coincide con las previsiones que aportan parte de organismos e instituciones nacionales e internacionales, especialmente en lo que se refiere al aumento de la frecuencia y de la intensidad con la que tienen lugar eventos meteorológicos extremos. Esto afecta a la distribución de las precipitaciones y al aumento de la temperatura, entre otros efectos. Esta situación conlleva una mayor siniestralidad que precisa las necesarias adaptaciones en el seguro agrario y, también, la introducción de medidas de adaptación por parte del propio sector productor. Junto a los riesgos de carácter climático y que afectan de manera especial a las producciones agrícolas, no podemos olvidar la incidencia que la realidad climática tiene sobre las enfermedades en la ganadería. En el ámbito de la sanidad animal, la aparición de diferentes focos de Enfermedades de Declaración Obligatoria durante 2025 en España supone un desafío para nuestro sector. El seguro agrario cubre determinadas enfermedades de declaración obligatoria y otras enfermedades no epizoóticas. Mediante el perfeccionamiento del seguro, se han incluido nuevas coberturas progresivamente, como ha sido recientemente el caso de la viruela ovina y caprina y se estudian otras tan recientes como la Dermatosis Nodular Bovina”, explica Miguel Pérez Cimas, director de la Entidad Estatal de Seguros Agrarios.
Adaptar coberturas a la evolución de los tiempos
Para Félix Novoa Montes, director del área Técnica de Agroseguro, el seguro es ya una herramienta imprescindible para garantizar estabilidad económica: “Una de las principales lecturas que hacemos es que los agricultores y ganaderos españoles están cada vez más convencidos de la necesidad de contar con un seguro agrario. De hecho, cada año Agroseguro encarga una encuesta independiente para valorar la calidad con la que los asegurados perciben los seguros agrarios y la gestión de Agroseguro, y la última que se ha realizado nos muestra que el 89% de los agricultores y ganaderos preguntados confirman su intención de renovar su póliza. Existen varios motivos que facilitan esta conciencia cada vez mayor y, sin duda alguna, uno de ellos es la realidad climática que estamos viviendo en los últimos años. Y es que, en cada uno de los últimos 9 años, hemos experimentado algún fenómeno adverso extremo, y en algunos casos inédito por sus características o su severidad. Entre los más importantes destacan la helada sufrida en 2022 (en la que en solo dos noches se dañó gran parte de la producción frutícola de Lleida y Aragón, entre otros cultivos); la sequía generalizada de 2023, con récord histórico de indemnizaciones (casi 500 millones de euros); la DANA de Valencia en 2024, con importantes daños en caqui y cítricos; y en el último año, 2025, las reiteradas tormentas de pedrisco han generado indemnizaciones por valor de 500 millones de euros y han marcado récord histórico por este fenómeno. Siniestros que reemplazaron cifras históricas de sequía, pedrisco o tormentas que ya habíamos registrado en 2017, 2018, 2019… Ante una realidad así, no es extraño que la contratación de los seguros agrarios sea cada vez mayor: los agricultores y ganaderos tienen más sensación y evidencia de riesgo. Aunque tampoco hay que olvidar que el sector está cada vez más profesionalizado y que Agroseguro también ha elevado su calidad de gestión, acercando el seguro a más productores”.
En definitiva: la agricultura y la ganadería españolas se desarrollan en un entorno cada vez más complejo. A la volatilidad de los mercados se suman el aumento de los costes de producción, la presión regulatoria y, sobre todo, los vaivenes meteorológicos que condicionan campañas enteras. La financiación especializada y los seguros agrarios se han convertido en herramientas imprescindibles para garantizar la rentabilidad y continuidad de las explotaciones agrícolas y ganaderas en España.

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