Según Manuel Pérez, presidente de la Asociación Nacional de Agricultura de Precisión (ANAP), España se encuentra en una fase de desarrollo intermedio, con una adopción creciente, aunque todavía desigual. Conviven explotaciones altamente tecnificadas con otras que mantienen modelos más tradicionales o un uso parcial de estas herramientas.
Entre los factores que impulsan la digitalización destaca el acceso creciente a tecnologías, el apoyo de las políticas públicas y la necesidad de mejorar la rentabilidad. Como frenos, señala la falta de capacitación técnica, la incertidumbre sobre el retorno de la inversión, la conectividad en determinadas zonas rurales y la fragmentación del sector.
Pérez subraya que la pulverización inteligente se ha convertido en una de las aplicaciones más transformadoras, al permitir tratamientos más precisos, con menor consumo de productos fitosanitarios, menor impacto ambiental y mayor trazabilidad. No obstante, su implantación sigue siendo moderada, aunque crece especialmente en cultivos leñosos como olivar, viñedo o frutales.
Desde el ámbito científico, Adolfo Peña, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes (ETSIAM) de la Universidad de Córdoba, destaca que la agricultura de precisión no consiste solo en incorporar sensores, sino en integrar datos para mejorar la toma de decisiones. Sus líneas de investigación abarcan la teledetección, la sensórica en campo, la dosificación variable en tiempo real, la modelización agronómica y la inteligencia artificial.
Para Peña, la inteligencia artificial es el gran motor de esta nueva etapa, ya que permite identificar malas hierbas, focos de enfermedad o estados de estrés en tiempo real mediante visión artificial. Además, facilita la integración de datos climáticos, de suelo o desarrollo del cultivo para generar recomendaciones específicas por parcela e incluso por planta. También destaca avances como los gemelos digitales del cultivo o los espacios de datos agroalimentarios, llamados a mejorar el intercambio de información entre agricultores, empresas y administraciones.
La industria también percibe una demanda creciente. Desde Pulverizadores Fede, Ana Cortés señala que los agricultores relacionan la digitalización con una mayor calidad de cosecha, mejor control de la plantación y mayor rentabilidad. Según explica, estas tecnologías permiten reducir costes, mejorar la gestión y tomar decisiones basadas en datos, además de disminuir el uso de fitosanitarios y el consumo de combustible.
La experiencia práctica confirma estas ventajas. Marcos Garcés, agricultor y ganadero de Teruel lleva desde 2014 utilizando sistemas de autoguiado, GPS, Isobus, mapas de campo y software de gestión. Asegura que el principal beneficio es el ahorro de insumos y una mayor precisión: “sabemos qué aplicar y dónde”. También destaca una mejor organización del trabajo y más eficiencia productiva.
De cara al futuro, los expertos coinciden en que la agricultura de precisión evolucionará hacia sistemas cada vez más automatizados, con decisiones en tiempo real apoyadas en la inteligencia artificial, sensores y conectividad. Los drones ganarán protagonismo tanto en la elaboración de mapas de prescripción como en pulverización, fertilización o siembra. El reto, concluyen, no será solo tecnológico, sino lograr una adopción real y útil para el agricultor.

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