Sin embargo, las variedades tradicionales de olivo fueron obtenidas en otro tiempo cuando la recolección era manual, los olivares estaban en su mayoría en zonas marginales y el alto vigor era un carácter apreciado.
Es por ello por lo que gran parte de la enorme variabilidad genética del olivo, conservada en repositorios como el Banco de Germoplasma Mundial de olivo del IFAPA, no se adecúa a este sistema de cultivo en seto que hoy día es tan popular. Concretamente, se puede decir que, hasta la fecha, solo se han encontrado dos variedades tradicionales con vigor suficientemente reducido como para ser cultivadas en seto, que son ‘Arbequina’ y su hija ‘Arbosana’.
Y en este punto es donde ha aparecido la mejora genética, que está generando nuevas variedades de olivo adaptadas a las nuevas tendencias de la olivicultura.
En particular, las variedades de mejora que más éxito están teniendo son las que cuentan con un vigor reducido y, por lo tanto, están bien adaptadas a la formación en seto y recolección con cosechadora (Foto 1). Además, dado que estas plantaciones requieren una alta inversión inicial, es necesario que las variedades plantadas tengan una buena precocidad de entrada en producción y sean poco veceras.
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