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Nuevas Técnicas Genómicas: Europa llega tarde a la revolución del campo

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INNOVACIÓN

22/05/2026

4 minutos en leer

En línea con su compromiso de aportar valor al sector, Henar Comunicación, en colaboración con Antama, ha organizado un nuevo Agrícola Café en el que ha analizado la relevancia de las Nuevas Técnicas Genómicas (NTG) como motor de transformación para la agricultura europea en un contexto de cambio climático e inestabilidad geopolítica.

Para hacerlo, ha contado con la participación de Soledad de Juan, directora gerente de la Fundación Antama; Esther Herranz, eurodiputada y vicepresidenta de la Comisión de Medioambiente, Clima y Seguridad Alimentaria en el Parlamento Europeo; Clara Aguilera, consultora agroalimentaria y ex eurodiputada; Rosa Porcel, investigadora en biología molecular y celular de plantas; y Gerardo Torralba, productor cerealista.

Para comprender mejor el porqué de este análisis hay que entender que las Nuevas Técnicas Genómicas abren la puerta a cultivos más resistentes a plagas, enfermedades y condiciones climáticas adversas, y lo hacen de una forma más rápida y precisa que los métodos tradicionales de mejora vegetal. Sin embargo, debido a los retrasos en el establecimiento de un marco regulatorio por parte de la UE, el sector corre el riesgo de quedarse atrás frente a países como China o Estados Unidos.

Y es que, como se expuso, las NTG, lideradas por tecnologías como CRISPR, ofrecen una precisión y rapidez sin precedentes en la mejora vegetal, permitiendo desarrollar variedades resistentes al cambio climático y a las plagas con una reducción significativa de insumos químicos. “A pesar del consenso científico y la presión competitiva de potencias como Estados Unidos, China y Brasil, la regulación europea enfrenta retrasos burocráticos y barreras ideológicas”, se argumentó.

En este contexto, cobra también especial relevancia la divulgación científica, que se señaló como un factor clave para desmontar prejuicios y acercar estas innovaciones a la sociedad, con el objetivo último de reforzar la soberanía y la seguridad alimentaria. Al hilo, los ponentes coincidieron en que la biotecnología no es una imposición, sino una herramienta esencial para asegurar la rentabilidad del sector primario.

La urgencia del campo

Soledad de Juan, directora de la Fundación Antama, subrayó que nos encontramos en el "momento clave" para decidir si la Unión Europea acepta esta tecnología, viéndola como una oportunidad para el desarrollo de semillas más resistentes. “Sin embargo, la burocracia sigue su curso lento”. A este respecto, Esther Herranz, confirmó que la votación en el Parlamento se ha pospuesto debido al volumen de enmiendas, advirtiendo que "llegamos tarde" y que “Europa se ha puesto palos en las ruedas mientras sus competidores internacionales avanzan”.

Desde la perspectiva del productor, Gerardo Torralba explicó que los agricultores enfrentan veranos cada vez más secos e inviernos de lluvias impredecibles. Según Torralba, la mejora vegetal clásica es demasiado lenta para los retos actuales: "Necesitamos nuevas variedades cada vez más rápido, estamos en el teorema de Homer Simpson: ¿cuánto? y dámelo ya". “Para el sector, las NTG no son un capricho, sino una herramienta "necesaria" para reducir el uso de fitosanitarios y asegurar la rentabilidad frente a competidores como Mercosur”.

Ante las posibles reticencias, Rosa Porcel, investigadora de la UPV-CSIC argumentó que la ciencia defiende la seguridad y la eficiencia de estas técnicas y comparó el uso de CRISPR con la edición de un texto: "Es como si estuviéramos escribiendo con el teclado, volvemos atrás y borramos una letra. A diferencia de los métodos tradicionales que generan cambios al azar, las NTG permiten actuar sobre genes específicos para lograr, por ejemplo, tomates que duren más sin perder sabor o cultivos que aprovechen mejor los nutrientes”. Porcel advirtió sobre la "fuga de talento" y de patentes, citando el caso del trigo para celíacos desarrollado en España que tuvo que venderse a EE. UU. para luego ser importado.

Sostenibilidad versus ideología

Clara Aguilera fue tajante al afirmar que "no puede haber sostenibilidad sin competitividad ni soberanía alimentaria". Criticó que la UE exija reducir químicos sin ofrecer alternativas viables como las NTG. En la misma línea, Esther Herranz declaró que detrás de la oposición a estas técnicas hay un conflicto de "ideología versus ciencia" y un "negocio de la prohibición" por parte de ciertos Estados miembros.

La tertulia también profundizó en las barreras sociales y de comunicación e identificó una brecha significativa entre la realidad científica y la percepción pública, alimentada por la ideología frente a la ciencia; el fenómeno del “Adanismo”; y la desconexión entre lo urbano y lo rural. Respecto al primer punto, Clara Aguilera expuso que la oposición a las NTG a menudo se basa en criterios ideológicos o en el marketing del miedo más que en riesgos biológicos reales.

Enlazado a ello se encuentra el fenómeno del "Adanismo": una nostalgia idealizada del pasado que pretende que la agricultura actual funcione como hace 5.000 años, ignorando que la población mundial de 9.000 millones de personas requiere eficiencia y escala.

Una idealización que, dijo Clara Aguilera, los medios de comunicación y las redes sociales fomentan a través de "circuitos cortos" y la promoción de huertos familiares, lo cual contrapone lo "bueno" (lo antiguo/ tradicional) con la innovación y la agricultura industrial.

Al respecto, Gerardo Torralba sugirió que una forma de divulgación efectiva sería que la gente intentara cocinar con cereales de hace 2.000 o 5.000 años para entender que lo que hoy consideramos "natural" es en realidad el resultado de milenios de intervención y mejora humana. Profundizando en la desconexión urbano-rural, Ester Herranz expuso que la sociedad urbana desconoce los procesos de producción de alimentos y desconfía de la innovación aplicada al campo, “aunque la acepte en la medicina, que también utilizan biotecnología para el desarrollo de insulina o vacunas, por ejemplo”.

El reto, indicó Soledad de Juan, “es recuperar la confianza del consumidor y romper la brecha entre el mundo urbano y el rural”.

Como conclusión, los expertos coincidieron en que la innovación y la sostenibilidad no son conceptos antagónicos, sino las dos caras de una misma moneda e indicaron que Europa no puede permitirse el lujo de renunciar a la innovación biotecnológica si desea mantener sus estándares de calidad y asegurar la rentabilidad de sus productores en un entorno global hostil.

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