El uso de un ama de cría podía deberse a razones físicas (como la carencia de leche por parte de la madre), pero muchas veces también se debía a razones sociales, ya que “profesionalizar” la lactancia permitía a la madre dedicarse a otras tareas mejor valoradas por la sociedad.
¿Y cuál fue el principio del fin de las amas de cría? La industrialización y el desarrollo a gran escala de fórmulas más completas para la leche en polvo, alimentos cada vez más adaptados al sistema digestivo de los recién nacidos.
Ahora viene la pregunta: ¿Qué tiene que ver todo esto con la producción agraria de la UE?
Pues bien, espero que la analogía se entienda…
Los productores agrarios europeos han estado históricamente “amamantando” a su población. Es más, la PAC nació para que no nos faltara “leche” tras la II Guerra Mundial. Desde ese momento, la “lactancia”, o producción de alimentos en la UE, ha ido poco a poco cambiando, la actividad agraria se ha ido paulatinamente viendo como una actividad propia de clases bajas y la sociedad europea ha ido buscando sus propias amas de cría.
¿Y quiénes han sido? Pues los productores que han ido quedando, que han profesionalizado su “labor de lactancia” a pesar de los estereotipos y de normativas cada vez más exigentes que se les han ido imponiendo.
Pero hay que decirlo todo, los “productores/amas de cría” europeos han sido muchas veces también casos de éxito porque su “leche” también la consumen en medio mundo, al ser reconocida como de las de más alta calidad.
Ahora llegan nuevos retos, en los últimos años la sociedad europea está dando una vuelta de tuerca más a su relación con sus “amas de cría”. Ahora parece que molesta su presencia, y aunque los gobiernos europeos son conscientes de que tienen que “amamantar” a su prole (léase, comer tres veces al día), a veces es tentador llegar a acuerdos con “amas de cría” de otras zonas del mundo para que lo hagan.
Se considera que la lactancia daña el cuerpo de las mujeres (al igual que la agricultura lo hace con la naturaleza) y se pide la reducción de esta actividad.
Llegados a este punto, caben dos opciones, o que los niños/ciudadanos europeos “lacten menos” o que se incremente la importación de “leche” de “amas de cría” de otros países, esas que no vemos y cuya presencia no nos molesta.
Pero no olvidemos las leches maternizadas. ¿Quiénes representan este papel en esta historia? Pues quizás esas grandes empresas alimentarias que ya cuentan con una cuota más amplia de lo que creemos en nuestra cesta de la compra.
Alimentos ya preparados para comer, cuyos ingredientes no sabremos muy bien qué son, serán nuestra “leche maternizada” en pocos años, basta con echar un vistazo a los lineales de las grandes superficies para ver la tendencia.
La cuestión será saber cuándo volveremos como sociedad a la “leche materna”, a producir alimentos para asegurar el abastecimiento interno y quién será “el que lacte”…