Su nombre común ceniza o cenicilla describe perfectamente su sintomatología, caracterizada por la formación de pequeñas manchas blanquecinas de aspecto pulverulento en la superficie de hojas, peciolos, tallos y, ocasionalmente, flores y frutos, que pueden llegar a cubrir por completo la superficie vegetal y, por tanto, afectar así a la capacidad fotosintética de la planta. De modo que, aunque los frutos son raramente atacados por el oídio, éstos pueden sufrir malformaciones, quemarse por el sol, o madurar prematuramente o de forma incompleta, debido a la pérdida de cobertura foliar causada por la senescencia prematura de las hojas infectadas, provocando, en última instancia, grandes pérdidas en la cantidad, calidad y tamaño de los frutos (Pérez-García et al., 2009).
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