La creciente necesidad de adoptar prácticas agrícolas sostenibles surge debido a los riesgos potenciales asociados con la agricultura intensiva a largo plazo, tales como la degradación del suelo, el estancamiento del desarrollo agrícola y las amenazas a la seguridad alimentaria (Amoah-Antwi et al., 2020; Zhang et al., 2022). Se pueden abordar estos desafíos de manera efectiva mediante la aplicación de enmiendas orgánicas, las cuales aumentan el contenido de materia orgánica (MO) y conservan la fertilidad y calidad del suelo. (Bonanomi et al., 2020; Zhang et al., 2022; El-Naggar et al., 2019; Ibrahimi et al., 2022).
El sustrato postcultivo de champiñón (SPCH) constituye un residuo orgánico derivado de la producción de champiñones comestibles cuya producción crece a nivel mundial.
El compostaje de este residuo aparece como una opción viable y valiosa para mejorar la sostenibilidad de la agricultura (Kit-Leong et al., 2022; Umor et al., 2021). Esta práctica enriquece el suelo con MO y nutrientes, fortaleciendo su estructura y capacidad productiva (Joniec et al., 2022; Swoboda et al., 2022).
Paralelamente, la extracción de nutrientes minerales con cada cosecha exige su reposición para evitar el agotamiento del suelo y mejorar su calidad. En este sentido, la aplicación de polvo de roca se considera una alternativa natural para la remineralización del suelo (Cunha et al., 2022), aportando nutrientes y mejorando propiedades como el intercambio catiónico y el pH (Swoboda et al., 2022). Distintos estudios han demostrado rendimientos superiores en plantas tratadas con polvo de roca en comparación con la fertilización convencional, especialmente en cultivos de ciclo largo (Basak et al., 2021; Cunha et al., 2022). Además, combinar estos productos con residuos orgánicos puede potenciar su efectividad, aunque el éxito de esta mezcla depende de las características de los materiales involucrados (Basak et al., 2021; Meena y Biswas, 2014; García-Gómez et al., 2002).
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