La European Federation of Origin Wines (EFOW) y la Conferencia Española de Consejos Reguladores Vitivinícolas (CECRV), las organizaciones representativas de las denominaciones de origen de vino ante las instituciones europeas y a nivel nacional, manifiestan “profunda preocupación” por los aranceles impuestos desde EE. UU. a los productos importados de la Unión Europea.
No solo por ser este uno de los principales destinos para estos productos, sino porque “supone una ruptura de las reglas del comercio internacional de las que el mundo ha disfrutado en las últimas décadas y por la escalada de medidas y contramedidas que esto pueden conllevar y que hará que las economías nacionales tiendan a protegerse más y, por tanto, a imponer más barreras al comercio”. Y la medida llega, además, “en un contexto ya difícil para el sector vitivinícola”, con bajadas del consumo y las exportaciones en los últimos años.
Ante esta situación, las denominaciones de origen piden “un compromiso diplomático inmediato” y diálogo para proteger al sector.
En riesgo casi 400 millones de euros para el vino español
Desde la Federación Española del Vino (FEV) recuerdan que, para las bodegas españolas, Estados Unidos es el segundo mayor destino de exportación en general y el primero en el caso de los vinos espumosos, representando aproximadamente un 13% de las ventas exteriores totales. En 2024 se exportaron a ese mercado 97 millones de litros por un valor de alrededor de 390 millones euros.
“No existe ahora mismo un mercado vitivinícola alternativo que pueda compensar la pérdida”, explica el director general de la FEV, José Luis Benítez, que afirma que los aranceles están “totalmente injustificados”, teniendo en cuenta que la diferencia entre las tarifas que aplican actualmente la UE y EE. UU. es mínima. Esta medida “perjudicará a las bodegas españolas y europeas, pero también a los consumidores estadounidenses, que consumen más vino del que producen, y provocará incertidumbre económica y aumento de precios en Estados Unidos y en la UE”, incide.
Benítez apunta, además, que los aranceles perjudican especialmente a las pymes, que suponen el 99% de las bodegas españolas, al tener menor capacidad para diversificar exportaciones y menor margen económico para afrontar situaciones adversas. Por todo ello, instan a las administraciones a “agotar cualquier vía para una solución negociada”.
Por su parte, la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE) señala que las disputas comerciales nunca benefician a ninguna de las partes e incide en la importante relación comercial de nuestro país con Estados Unidos, consolidada hasta el punto de ser España el cuarto proveedor en valor de vino y el séptimo en volumen, con más de 67,3 millones de litros exportados y ventas superiores a los 362 millones de euros.
Desde OIVE confían en un entendimiento entre la UE y Estados Unidos, que mantenga el vino al margen de disputas ajenas al sector. La organización valora, además, positivamente el ‘plan de respuesta y relanzamiento comercial’ presentado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con especial mención a las medidas de apoyo a la internacionalización de las empresas. No en vano -recuerdan-, más de dos tercios del volumen de las ventas de vino de España (63,1%) se destinan a exportación.
El mayor mercado de exportación de vinos de la UE
El Comité Européen des Entreprises Vins (CEEV), que representa a las empresas de vino, vino aromatizado y vinagre de la Unión Europea, indica que, atendiendo a los datos de 2024, Estados Unidos sigue siendo el mayor mercado de exportación para los vinos europeos, con 4.880 millones de euros en vino enviados al país el año pasado, una cantidad que representó el 28% del valor total de las exportaciones de vino de la UE.
La presidenta del CEEV, Marzia Varvaglione, asegura que los aranceles recíprocos “perjudicarán duramente a las empresas vitivinícolas de la UE y podrían generar incertidumbre económica, provocando despidos, inversiones aplazadas y aumentos de precios. Apuntar al vino de la UE solo hará perdedores a ambos lados del Atlántico”.
Varvaglione añade que “no hay un mercado alternativo del vino que pueda compensar la pérdida del mercado estadounidense”.
Por su parte, Ignacio Sánchez Recarte, el secretario general del CEEV, considera “injustificada” la imposición de aranceles recíprocos sobre el comercio transatlántico de vino, “teniendo en cuenta la mínima diferencia entre los aranceles de la UE y los de EE. UU. sobre los productos vitivinícolas”. Ante esta situación, desde el Comité hacen un llamamiento a ambas partes de cara a “encontrar una solución negociada” y propone medidas como “una feria del vino y un acuerdo comercial recíproco”.