En el caso de la erosión por cárcavas, las pérdidas son más graves, alcanzando hasta 591 toneladas por hectárea y año, lo que supone la pérdida de hasta 5 centímetros de suelo en un solo año, cuando formar un centímetro de suelo fértil requiere de 1.000 y 10.000 años de evolución.
El olivar es el cultivo más representativo de Andalucía, en constante expansión durante los últimos años que, aunque sigue apostando por la sostenibilidad ambiental y la protección del suelo, sigue sometido a importantes procesos erosivos. En el marco del Proyecto “CARCAVA. Influencia Climática y Agronómica en la formación y evolución de la Red de Cárcavas en la campiña Andaluza”, financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía se ha analizado la evolución temporal del olivar desde 2006 hasta la actualidad y se ha evaluado el impacto erosivo en las principales zonas productoras. Sobre la base se SIGPAC, cada cultivo, desde 2006 a la actualidad, ha sido georreferenciado y se han determinado las pérdidas de suelo a partir de la base de datos de European Soil Data Centre (ESDAC). Usando técnicas de Inteligencia Artificial gracias al desarrollo de algoritmos propios, se han obtenido los resultados para el periodo de estudio. Preliminarmente, se ha determinado que el olivar ha aumentado su superficie en Andalucía en un 15 % desde el 2006 hasta la actualidad, llegando a 1.531.522 ha. De esta superficie, 94.000 ha proceden de parcelas de cereal, un 12 % de la superficie de este cultivo, que ha disminuido un 16 % en el mismo periodo. En cuanto a la pérdida de suelo, ha aumentado de 13,1 a 13,7 t/ ha y año de pérdida media de suelo y año desde el 2006 hasta la actualidad, lo que equivale a un perder más de 22 millones de toneladas de suelo al año en los olivares andaluces, una cifra alarmante. En cereal, con tasas actuales de erosión media de 6,54 t/ ha y año, las pérdidas alcanzan los 4 millones de toneladas anuales, una cifra nada desdeñable.
Abordar este problema es prioritario e inaplazable. O nuestra agricultura adopta medidas de conservación del suelo mediante siembre directa, mínimo o nulo laboreo o uso de cubiertas vegetales vivas o inertes, o el actual modelo productivo corre serio peligro. Todavía está en nuestra mano frenar y revertir este proceso. Pronto puede ser demasiado tarde.