La biofumigación utiliza plantas que, al ser incorporadas al suelo tras su trituración, liberan compuestos naturales con propiedades biocidas. Estos compuestos, como los isotiocianatos generados a partir de glucosinolatos (GSL), son particularmente eficaces en la supresión de microorganismos patógenos en el suelo. Este mecanismo no solo permite reducir la incidencia de enfermedades transmitidas por el suelo, sino que también tiene efectos positivos en la estructura y la salud del suelo, la mejora de su fertilidad, la prevención de la erosión y la reducción de la pérdida de nutrientes esenciales como el nitrógeno.
¿Qué plantas se usan como biofumigantes?
Entre las plantas más destacadas para su empleo como biofumigantes se encuentran las de la familia de las Brasicáceas, como Brassica juncea, B. carinata, Raphanus sativus y Sinapis alba. Estas especies han demostrado un gran potencial gracias a su rápido crecimiento, su alta capacidad de acumulación de biomasa y su elevada concentración de glucosinolatos, compuestos secundarios que, al descomponerse en el suelo mediante la acción de la enzima mirosinasa, generan isotiocianatos. Estas sustancias poseen un amplio espectro antimicrobiano, lo que las convierte en una herramienta eficaz para controlar enfermedades transmitidas por el suelo.
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